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Quiero ser octogenario

Yo quisiera ser octogenario como los ilustres señores don Alfredo Martínez Moreno, don René Fortín Magaña, don Abraham Rodríguez y don José Domingo Méndez. Patriotas, demócratas y juristas sin discusión, hombres de talento y aguerridos defensores de la Constitución, del Estado de Derecho y de los derechos humanos y libertades ciudadanas. Me causó malestar que un viejo militante del FMLN, en una entrevista televisiva nocturna, con ironía, por ser octogenarios, trató de desmerecer la participación de estos grandes señores que están orientando cívica y políticamente al país. Resulta imposible disminuir la capacidad intelectual y vocación democrática indiscutible de estos notables ciudadanos, que llenan páginas enteras de amor a su familia, a sus semejantes y a la Patria. Han manejado liderazgos estudiantiles, profesionales, gremiales y políticos, en abierta lucha contra gobiernos militares autoritarios de derecha y ahora de la izquierda populista que pretende arrebatarnos nuestros principios de libertad y de justicia.

Se trata de hombres verdaderos, sin dobleces a sus 80 y 90 años, no han mermado ese intelecto indiscutible y su coraje para defender las libertades amenazadas. Por calificarlos de octogenarios no podrán disminuirles su fervor cívico por la Patria y sus connacionales. El dinamismo de estos notables ciudadanos es envidiable que a su edad enarbolen la defensa de las instituciones democráticas en peligro de sucumbir por quienes violan la Constitución y que no la quieren cumplir ni obedecer, que se niegan a aprobar la ley de lavado de dinero que persigue la corrupción contra las "Personas de exposición pública" (PEP), que violan las normas constitucionales electorales, que pretenden trasladarle soberanía a la Corte de Managua para favorecer la reforma constitucional de la reelección indefinida u obtener fallos de una Corte Constitucional obediente que la autorice , si no obtienen primero la reforma constitucional para cambiar las normas pétreas de la alternabilidad en el ejercicio del poder presidencial, mediante la manipulación populista de los referendos.

Estos señores octogenarios, de gran valía, son considerados prohombres por su coraje, energía, intelecto, fortaleza, probidad y energía física y mental para apabullar a sus detractores. La historia antigua, moderna y actual demuestra que la existencia de los Consejos de Ancianos antes o de los Consejos de Estado en la actualidad, están o han estado integrados por personas mayores para trasmitir experiencia y talento. De esa categoría son estos grandes señores del derecho y de la democracia .

Yo quisiera ser octogenario como don Alfredo Martínez Moreno, intelectual de peso nacional e internacional, jurista indiscutible, ensayista, mente brillante a sus 90 años. O como René Fortín Magaña, incansable guerrero de la democracia, con páginas sobresalientes en su liderazgo estudiantil, gremial y político. Paladín Intachable de la probidad y del acceso a la información pública, instrumentos para combatir la corrupción. Y no se diga de Abraham Rodríguez, demócrata, político aguerrido de la oposición contra gobiernos militares autoritarios y ahora contra los abusos dictatoriales de la izquierda local y latinoamericana. Y de Mingo Méndez enarbolando la bandera democrática de la sociedad civil , auditora social que combate el abuso de la autoridad. Quién no quisiera ser octogenario como estos grandes señores de la democracia y del derecho y cuya experiencia y consejo nos trasmiten. Se han convertido en ejemplo de las nuevas generaciones y deberían ser imitados.

El dinamismo de estos grandes demócratas y juristas no es para tratar de ridiculizarlos por su edad, sino para rendirles homenaje por su gran valentía y civismo sin dobleces, que superan en creces a sus detractores y son ejemplo viviente para quienes amamos un país con libertad.

*Doctor en Derecho.