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Querido Don Billy

Querido Don Billy: dice un viejo dicho que los grandes marineros se hacen en mares embravecidos. Y usted, a sus 86 años, los ha cruzado todos. No son mares de sal y agua. Son de malas gentes y sus intrigas. Han querido por todos los medios doblarlo, ahogarlo, partirlo en dos pedazos. Y la buena noticia es que no han podido con su temple de acero. Y estoy seguro que no podrán.

Usted convirtió un pantano en una de las fincas arroceras más prestigiosas de América Latina. Hizo de un pequeño hato ganadero el más famoso de la región. Su patrimonio no apareció como por arte de magia después de haber pasado por un puesto público o una presidencia, no. Fue en base a trabajo sabio, abnegado y viril. Ese patrimonio le fue arrebatado por los populistas en una vergonzosa operación que mezcló la demagogia, el odio y el resentimiento.

Usted fue ametrallado en un intento de asesinarlo, cuando se disponía a inscribir las planillas de su partido para participar en una lucha cívica. Uno de sus zapatos, me cuentan, quedó completamente ensopado en sangre hasta el copete. Pero sobrevivió al atentado. No se fue del país. Aquí siguió luchando.

No les bastó con quitarle lo que era suyo y que tanto esfuerzo le costó. Lo quisieron matar y como tampoco pudieron, muchos de esos mismos que hoy lucen encumbrados en el poder, lo secuestraron, lo metieron en un hoyo inmundo y allí a sus 62 años lo mantuvieron lejos de su familia. Lo torturaron y otra vez le arrebataron parte de su patrimonio. La guerra ya había terminado. Usted fue el último secuestrado por el FMLN.

Ahora a sus 86 años, no bastándole con expropiarlo, ametrallarlo, secuestrarlo, torturarlo, lo acosan, lo hostigan. ¿Por qué esa saña que nunca termina? No soy yo quien para hablar sobre el caso CEL-ENEL, no soy abogado. Pero sí sé algo. Estoy convencido que usted es una persona honorable que preferiría morir antes que agarrar algo que no le pertenece.

Hace ya casi una década que lo conocí. Fue por los días en que usted era presidente de la CEL y tuve la oportunidad de entrevistarlo para este periódico. Luego tuve el inmenso honor de escribir su biografía y fue entonces que más allá de la relación entre el escritor y el biografiado nació una amistad que se extendió de su parte a mi esposa y a mis hijas.

Hubo días en que casi ni hablábamos del libro, sino de la vida, y a veces era yo el que más le contaba de la mía. Conocí su casa. No una mansión como la de quien se habría robado digamos unos 300 millones después de pasar por un alto cargo público, sino su vieja casona de la colonia Flor Blanca donde ha vivido toda su vida. No hay nada en esa casa suya que sea símbolo de lujo. Todo sencillo, todo sobrio, hasta las tacitas donde tomábamos el café.

Conocí su finca "La Normandía", donde en algunas ocasiones estuve con mis hijas en mañanas inolvidables. Una finca que usted pagó cuota sobre cuota con inmensos sacrificios. Eso me consta. Otros son los que muestran por todos lados las señales del enriquecimiento ilícito. Indigna que sean ellos los que andan libres gastando a manos llenas ese dinero mal habido. Pero lo digo una cosa Don Billy, la historia será implacable con esos hombres y con esos nombres que hoy llenan de vergüenza esta patria querida.

Allá en su finca, mis hijas escuchaban sus historias de cuando fue estudiante en un colegio militar, sobre su participación en la guerra con Honduras como piloto voluntario, su noviazgo con doña Ochy. Pero terminó de ganarse el amor de las niñas cuando les confesó que su equipo favorito era el Real Madrid y que le gustaba cómo jugaba el Pipita Higuain, el favorito de la casa. Así es usted don Billy un caballero como ya hay muy pocos.

Don Billy usted no sólo me abrió las puertas de su casa, sino también las de su corazón. El libro al final fue un pretexto para aquellas largas y productivas conversaciones de las que tanto aprendí. Hoy que está pasando injustamente estas tristes horas, déjeme trasladarle mi solidaridad, la de mi esposa y la de mi hijas que tanto lo quieren. Estoy seguro que ese es el sentimiento de todos los que le conocemos a usted como un hombre honrado y recto. La justicia divina prevalecerá.

* Columnista de El Diario de Hoy.

marvingaleasp@hotmail.com