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Querida Elena Salamanca

Quizá la única mentira que has dicho en tus escritos es que eres una chica fresa. No, no lo eres, ni para la izquierda, ni para la derecha, ni para nadie. Con algunas afirmaciones tuyas uno puede estar o no de acuerdo. Pero nada, aparte de lo de fresa, se puede calificar de una mentira.

Tu hoja de vida académica, que suele aparecer al lado de tus escritos, dice que tienes más títulos de los que este año (lamentablemente) ganará el Barcelona. Las niñas de andar por casa con el celular pegado en la oreja o en los dedos, no suelen interesarse por la historia iberoamericana, sino más bien por las historias de los ricos y famosos. Así que es mentira. No eres una niña fresa.

Voy a referirme a dos de tus artículos: "Queridas columnistas de El Diario de Hoy" y "40 años sin Roque Dalton". En el primero que trata el delicado tema del aborto, después del tierno titular viene un ladrillazo en la frente. "He leído sus columnas por años y sé que no conocen la compasión". Les dices.

Esa forma de iniciar una columna me recuerda la estrategia de guerra utilizada por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Iniciaban las hostilidades con una operación tan contundente que no le daba al adversario tiempo ni serenidad para organizar su defensa. Blitzkrieg, le llamaba. Literalmente se traduce como "Guerra relámpago".

Pero la buena noticia es que lo tuyo no es combate sino debate. No tiene nada qué ver con tiros y muertos, sino con palabras y argumentos. La comparación con la guerra únicamente tiene que ver con la manera tan dura con la que inicias tu escrito. He tenido la oportunidad de conocer por mucho tiempo tanto a doña Evelyn, como a su hija Julia Regina, ambas columnistas de este periódico y puedo decirte, que me consta que sí son mujeres que no sólo conocen la compasión, sino que la practican.

Pero esta columna no es para defenderlas. Ellas saben defenderse solas. Y como tú, tienen sus convicciones, las cuales defienden a capa y espada. Más allá de compartir o no tus puntos de vista sobre el aborto, quiero decirte que me encanta cómo escribes.

Esa manera tan descarnada a veces, pero al mismo tiempo elegante, esa desnudez de la palabra que muestra claramente que no hay genuflexiones para nadie, no solo es fascinante, sino necesaria en un país, acostumbrado lamentablemente al insulto o a los aplausos y muy poco a la crítica directa e inteligente. Nuestra madre tierra, como tu bien lo sabes, es de cuidado. La cosa o es Ré o es Fa. No se admiten bemoles.

Es decir o gritas fuerte Patria si, comunismo no, o revolución o muerte o estás condenado a la invisibilidad. Federico Hernández Aguilar (él nunca se ha autodenominado chico fresa, pero lo acusan de serlo, qué cosas), ha buscado con insistencia con quién debatir de manera inteligente. Picó a una señora marxista por aquí, a otro columnista saquista por allá. Y todos se le corren. Los que le responden son esos pobres seres de la oscuridad llamados "trolles".

Tus escritos son frescos. No tienen para nada el tufillo y el lenguaje de la guerra fría. Tu manera de argumentar también se parece al estilo del gran Muhammad Alí: picas como una abeja y flotas como una mariposa. Esto último lo digo más por la columna sobre Roque Dalton. Una de las mejores reflexiones que he leído sobre la posguerra. Toda la columna es una metáfora que duele. Es un escrito que cuestiona no solo a la izquierda representada en el FMLN, sino a toda la nación.

Hubo ciertamente acuerdos de paz, pero la mentalidad de guerra no termina. Se percibe en el tono de odio del discurso de las partes. En el prejuicio y el desprecio a la otredad. A la poca tolerancia a lo diferente. A ese olvidar que un sello de la democracia es el derecho al disenso. En fin. Termino, querida Elena Salamanca parodiando un lugar común: no comparto, a veces, lo que dices, pero daría mi vida para que siempre tengas el sagrado derecho a expresarte.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com