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Querer creer

En estos días, el novelista Sergio Ramírez publica en El País una columna titulada "El genio de la lámpara maravillosa", en la que desguaza la ilusión que Daniel Ortega ha vendido a sus compatriotas con respecto a la construcción del canal inter oceánico.

Explica el escritor nicaragüense que Daniel Ortega ha hecho público que el inversionista chino Wang Jing está dispuesto no solo a invertir cincuenta mil millones de dólares en el canal inter oceánico (eterno sueño acariciado desde el Siglo XIX en Nicaragua), sino que además asegura que todo el proyecto comenzará el próximo mes de diciembre. No sin ironía llama el columnista a Wang el "genio de la lámpara maravillosa", pues su propósito tiene todos los elementos para convertirse en un prodigio fabuloso.

Dice Ramírez: "el genio de la lámpara deberá hacer aparecer, de aquí a diciembre, además de los estudios de factibilidad, puertos de aguas profundas en las dos costas del país para desembarcar la maquinaria pesada necesaria para las obras, y deberá construir campamentos para alojar a los obreros, viviendas para centenares de técnicos en áreas remotas y centenares de kilómetros de carreteras de acceso.

"Y en ese mismo tiempo deberán ser entrenados los 50,000 trabajadores nicaragüenses a quienes se promete trabajo en las obras desde el principio, y deberán estar listos los técnicos en diversas especialidades de la ingeniería, que las universidades estatales prometen preparar, también en ese mismo tiempo.

"Pero falta aún la mayor de las maravillas. El canal de 278 kilómetros de largo y un máximo de 500 metros de ancho estará listo en apenas cinco años, en un abrir y cerrar de ojos. Se removerán millones de toneladas de tierra, se drenará el Gran Lago de Nicaragua, se construirán dos esclusas de tres gradas, más un lago artificial de 400 kilómetros cuadrados para alimentar las esclusas; además, una fábrica de acero y otra de cemento. Y miles de personas deberán abandonar sus comunidades y ser reubicadas".

Increíble pero cierto. No sé qué es más fantástico: que haya propuestas descabelladas como la presentada, o que el presidente Ortega se atreva a proponérsela a sus conciudadanos y que estos crean a pie juntillas que tendrán concluida en cinco años una megaobra de ingeniería, para la cual no hay terminado a la fecha ni siquiera un estudio serio de factibilidad.

No hay duda de que el presidente nicaragüense está haciendo las cosas bien, pues tal como arroja una "reciente encuesta levantada por el Proyecto de Opinión Pública de América Latina, de la Universidad de Vanderbilt: el 75 % de los nicaragüenses sabe del proyecto del canal, en tanto que ese mismo porcentaje ignora que se hizo una reforma a la Constitución política para permitir la permanencia indefinida de Daniel Ortega en la presidencia".

Ya se sabe, la propaganda hace maravillas, el rencor y la ambición también.

A las puertas de la inclusión de El Salvador en Petrocaribe, proyecto que será llevado a cabo por las mismas personas que no han sido capaces --y no precisamente por falta de medios económicos-- de echar a andar el SITRAMSS, o el puerto de La Unión, o la presa del Chaparral, o de pagar la pensión prometida al pobre señor que lloró en público en la campaña presidencial recién pasada. Uno termina preguntándose si lo que se quiere emular del modelo venezolano, o boliviano, o nicaragüense que en algunas mentes marca el rumbo que el país debería llevar, más que el sistema económico y social ¿no será imitar la capacidad de encantar las mentes sencillas, y conseguir votos para enquistarse en el poder apoyándose en la innata tendencia de la gente a creer patrañas?

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare