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Queremos quince, no cuatro

No podemos saber cuál será el resultado de las investigaciones ordenadas por Corte Plena, pero la sola circunstancia de atreverse a dar ese paso marca un antes y un después en materia de probidad

Somos muchos los que desde hace más de seis años, celebramos la independencia y valentía con que han venido actuando cuatro  magistrados de la Sala de lo Constitucional. A estas alturas ya nadie niega que revolucionaron por completo la forma de hacer justicia constitucional, que volvieron a colocar al Órgano Judicial en el rol que le corresponde y que llegaron hasta el punto de convertir en temas de tertulia familiar, el contenido de sus decisiones. 

Estos 4 magistrados han propiciado que muchos ciudadanos – abogados y no abogados – se hayan interesado por el derecho constitucional y que hasta hayan surgido expertos por todos lados en esta materia. Ahora todos sabemos más de derecho constitucional porque con sus polémicas decisiones en tantas áreas de la realidad nacional, estos cuatro magistrados nos han empujado a hacerlo. Y desde luego que eso hay que agradecerlo.
 
También es cierto que no son pocos los casos en que los mismos que hemos exaltado la independencia y valentía mostrada por esos cuatro magistrados, hemos expresado nuestro desacuerdo con sus decisiones. Que reconozcamos públicamente su labor, no significa que siempre hayamos estado conformes con sus líneas jurisprudenciales y con el alcance de sus sentencias.

Pero tal disconformidad es completamente natural y además esencial en un Estado democrático de Derecho. Es imposible que los ciudadanos estemos siempre de acuerdo con el criterio de los jueces, como es igualmente imposible que estos no puedan cometer errores. Infalibles no son, por lo que cuando tales disconformidades emergen, hay que decirlas y razonarlas de manera tal que, en el futuro, puedan ser tomadas en consideración y para que, de esa misma manera, se modifiquen, ajusten y evolucionen las corrientes jurisprudenciales. Así se hace Derecho y así se construye democracia.

Por supuesto que esto funciona cuando los jueces actúan de manera independiente, cuando en sus decisiones se alejan de grupos de poder político, económico, social y religioso. Precisamente ha sido tal característica,  sobre muchas otras, la que ha permitido el reconocimiento generalizado que la sociedad en general y poco a poco, los mismos grupos de poder, han hecho en relación a la labor desempeñada por la Sala de lo Constitucional.

Lo malo de todo esto es que, por un lado, no veíamos una actitud similar en las demás salas que conforman el Órgano Judicial  y que, por otro lado, tampoco percibíamos la posibilidad de un legado de independencia que transcendiera más allá del período para el que han resultado electos estos cuatro magistrados.

Hablar de percepciones es siempre un tema complicado pero quedándonos en ese intrincado contexto, la percepción es que estos cuatro magistrados estaban luchando contra la corriente y que la corriente terminaría arrastrándolos. Hay que reconocer que en pocos días, esa percepción ha cambiado favorablemente.

Con todo y los problemas que sin duda tiene el proceso de elección de magistrados a la Corte Suprema de Justicia, y con todo y los yerros cometidos durante el que acaba de transcurrir, la composición actual de la Corte está dando sorpresas que son muy alentadoras.

Por supuesto que es muy pronto para concluir que se trata del enquistamiento de una nueva forma de desempeñar las más altas magistraturas, pero no es muy pronto para decir, públicamente, que lo que han mostrado hasta hoy, es un recambio que no puede ser ignorado y que merece ser reconocido.

Las decisiones que ha estado tomando  Corte Plena, sobre todo en materia de probidad, constituyen un giro de ciento ochenta grados. No podemos saber cuál será el resultado de las investigaciones ordenadas por Corte Plena, pero la sola circunstancia de atreverse a dar ese paso marca un antes y un después en materia de probidad, enviando un claro mensaje a todos los funcionarios.

Por otra parte, escuchar del presidente de la Corte que están poniendo todo el empeño por “cumplir” con lo ordenado por el Instituto de Acceso a la Información Pública, pone en evidencia que se está comprendiendo bien el principio de separación de poderes y que se comienza a predicar con el ejemplo.

Lo mismo ocurre con el hecho de tener conocimiento que, en ciertas salas que se habían convertido en problemáticas, se están destruyendo feudos y que se están poniendo metas para combatir la mora judicial. Eso solo puede generar reacciones positivas de los usuarios del sistema judicial; lo aplaudimos y deseamos que continúe.

La actual composición de la Corte y sus recientes actuaciones nos permite anhelar que ya no tengamos que depender de “cuatro  fantásticos” sino que empecemos a confiar en “quince héroes de la independencia”, de la independencia judicial.
 

*Colaborador de El Diario de Hoy.