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Es que no todos conocen a Edwin

La realidad es que Edwin no quiso subsidios, sino oportunidades para desarrollar todo el potencial que él, como muchos otros salvadoreños sabía que tenía. ¿Cuántos otros “Edwin” hay por ahí, esforzándose y esperando una oportunidad?

Los gobernantes que suscriben como propia la corriente de pensamiento del Socialismo del Siglo XXI, consideran que la pobreza en la región de América Latina podrá ser superada cuando exista una “mejor distribución de recursos”, implicando con ello que la solución es “quitarle a los ricos para darle a los pobres”, haciendo creer a la gente que ser rico y oligarca, es una condición que hace intrínsecamente malas a las personas. Y es que según ellos, el problema de la pobreza siempre radica en causas externas y no en el individuo. Pareciese que en su cosmovisión, el pobre está destinado a nacer, vivir y morir pobre, a menos que el papá gobierno haga algo por ellos, como si ser pobre fuera una condición que cercenara la naturaleza humana. 

La situación es totalmente diferente. Para ganar la batalla contra la pobreza en El Salvador, primero tenemos que como pueblo, retirarle a las expresiones “pobre” y “rico” sus connotaciones revestidas de odio, resentimiento e insulto, para pensar en esas personas que caigan en cualquier de tales estereotipos, como simples hermanos salvadoreños, que requieren que como sociedad les brindemos las herramientas necesarias para alcanzar el bienestar para sí y los suyos, echando mano a sus talentos, ideas, trabajo y esfuerzo.

Edwin Edgardo García Rodríguez es un ejemplo de ello. Él no se avergüenza de sus orígenes humildes, de hecho los reconoce con orgullo. Edwin nació en una familia de escasos recursos. Nacido como el primero de tres hijos de una madre soltera, a sus 15 años, con un bolsita llena de sueños y un par de mudas de ropa, decide tomar el bus que lo llevó desde su pueblo natal hasta la ciudad de Ahuachapán. Sin “contactos ni palancas”, decide tocar las puertas de una cadena de supermercados, en la cual le dieron la oportunidad de trabajar como empacador.

Pero los sueños de Edwin no se limitaban a colocar los comprados de los clientes en bolsas de plástico. Decide estudiar a distancia. El muchacho siempre hizo oídos sordos a quienes le decían que ¿por qué estudiaba? “Si de todos modos, de la pobreza no se sale”, “que mejor se fuera a ‘faenar’ para ayudarle a sus mamá con sus hermanos”, pero es que cuando un hombre tiene la vista puesta en el horizonte, no percibe las barreras mentales que para otros son infranqueables.

En junio de 2006, le dan su primer ascenso en el empresa, empezando a trabajar oficialmente como “gondolero”, pasando luego con los años a desempeñarse como carnicero, cajero, operador, bodeguero, hasta que en 2011, vista su capacidad, responsabilidad y constancia, así como por los excelentes resultados en sus estudios, se le da la oportunidad de poder ascender a un puesto administrativo.

Decidido a crecer dentro de la empresa, tuvo que asistir por 3 meses a capacitaciones en San Salvador, por lo que tenía que viajar desde Ahuachapán todos los días. Para hacerlo, se levantaba a las 3:00 de la mañana para poder tomar el bus que le permitía estar a las 7:30 de la mañana en la ciudad, lo cual presentaba un considerable esfuerzo personal y económico, ya que sus estudios eran de lunes a sábado de 8:00 a.m. a 5:00 p.m.
No importando los sacrificios, se logra graduar junto con diferentes postulantes de diversas partes de el país. A Edwin finalmente lo nombran como “subgerente junior” en “Súper Selectos Ahuachapán”, puesto en el que solo iba a permanecer por cuatro meses, ya que vista su capacidad, entrega y dinamismo, fue ascendido a “subgerente de Sala” y es que “quien quiere puede”, todo esfuerzo finalmente acaba teniendo su recompensa. Luego de cuatro años de esfuerzo y responsabilidad, el 14 de noviembre de 2015, Edwin fue ascendido para ocupar el cargo de “gerente de Selectos Market Atiquizaya”, lugar en donde se desempeña a la fecha. 

Es claro que para muchos, la vida no es color de rosa y el camino a la superación personal constituye un proceso largo en donde existen tanto lágrimas como risas, como las que vivió aquel muchacho que pasó de empacador de gerente. La realidad es que Edwin no quiso subsidios, sino oportunidades para desarrollar todo el potencial que él, como muchos otros salvadoreños sabía que tenía.

¿Cuántos otros “Edwin” hay por ahí, esforzándose y esperando una oportunidad? Y es que la verdadera ruta para salir de la pobreza es promover el estudio, las oportunidades de empleo que únicamente brinda el sector privado, así como el emprededurismo en El Salvador. Décadas y más décadas de subsidios, no han servido para romper el ciclo de pobreza y es que siempre será mejor enseñar a pescar, que regalar los pescados. 

La próxima vez que alguien te diga que de la “pobreza no se sale”, tu respóndele: “es que tú no conoces a Edwin”.

*Abogado, Master en Leyes.