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Lo que El Salvador necesita

Para hablar de lo que el país necesita hay que establecer lo que hay que desechar. Quizá en primerísimo lugar hay que abandonar de una buena vez la confrontación estéril. El matonismo político. El odio al otro sólo porque piensa distinto. La intolerancia pues. Pareciera que esa roña en la que vivimos por pensar distinto es un tema baladí. No, no lo es.

Ese odio que se asentó como larva en las almas y las mentes durante décadas está allí, incluso en jóvenes que no vivieron la guerra ni sus causas. Es el odio que genera la crispación, la crispación que genera el miedo, el miedo que genera la desconfianza, la desconfianza que genera la poca inversión nacional y extranjera, la poca inversión que genera el desempleo, el desempleo y la falta de oportunidades que generan la vagancia y la vagancia que empuja hacia las tentaciones malignas que generan el odio y así hasta elevar esto en una perversa espiral.

No se trata de que todos pensemos iguales. Eso es propio de las dictaduras. El signo de la democracia ciertamente es el disenso, pero lo es también el debate vigoroso pero respetuoso sobre pequeñas y grandes diferencias. El otro gran signo de las grandes democracias es la negociación permanente y la puesta de acuerdo sobre los grandes problemas nacionales. La prosperidad de las 25 naciones más desarrolladas del mundo se fundamenta en un gran consenso de los ciudadanos y las fuerzas que lo representan en una serie de puntos fundamentales que se vuelven permanentes o casi. Pilares que le dan sentido, estabilidad y continuidad a la nación misma.

Es una especie de contrato social que no se toca ni se trastoca sólo porque hubo un cambio de partido en el Ejecutivo. Por supuesto que hay miles de cosas que un partido recién llegado al Ejecutivo puede cambiar, pero hay otras, esas que le dan sentido e identidad a la nación, que son intocables. De eso carecemos nosotros. Y es por ello que como dice alguien surge la eterna propuesta de refundar la nación a cada rato.

Que el presidente deba generar la armonía social, no es una cuestión lírica. Es fundamental. Cualquier sociedad necesita de liderazgos serenos y que comprendan a cabalidad los pesos y contrapesos del poder que les ha sido conferido de manera temporal. Un líder sereno genera serenidad. Un líder agitado en su actuar e imprudente en su hablar genera agitación y desasosiego en toda la sociedad. Desconfianza.

Desechar lo anterior implica pues hablar de lo que el país necesita. Es necesario cada vez más con más urgencia, una puesta de acuerdo entre las grandes fuerzas políticas del país. Si bien es cierto que la guerra terminó hace ya más de dos décadas, vivimos en un estado psicológico de guerra. Basta ver la agresividad verbal de algunos actores políticos y el odio que se destila, sobre todo en las redes sociales. Y aquí es importante el ejemplo del liderazgo nacional.

Esa puesta de acuerdo no es para tranzar principios y menos para repartos de la administración pública como ocurrió en Nicaragua hace algunos años. De lo que se trata es de sentar las bases firmes de la democracia y del imperio de la ley de una buena vez. Me parece que los hombres sensatos y de buena voluntad que existen en las principales fuerzas políticas del país, sumado a personalidades notables, pudieran contribuir a construir ese consenso tan necesario, para consolidar no sólo las formas democráticas, sino la esencia misma de ella y la paz social.

Hay otras cosa que el país necesita con urgencia, más allá de las promesas de campañas, muchas de ellas fantasiosas y superficiales. Lo que está en juego para millares de nuestros compatriotas, lo que está en juego es la vida misma en estos tiempos. De eso seguiré comentando.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com