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Lo que El Salvador necesita

Terminó la guerra, pero vivimos en un estado psicológico bélico. Al que tiene una opinión distinta se le ve, generalmente, como a una persona no digna de confianza e incluso como un enemigo al que hay que odiar. Y esto no sólo entre izquierdistas y derechistas, sino entre variantes de la misma familia.

Ciertamente hay personas que asumen una postura política por razones que no tienen nada qué ver con principios. Pero hay muchos, la mayoría, que asumen posiciones políticas liberales, marxistas, socialcristianas, o socialdemócratas con absoluta sinceridad. La democracia es un sistema, imperfecto como todo lo humano, pero ha probado ser el mejor para la convivencia armoniosa de la sociedad.

Por ello, la importancia de los pesos y contrapesos en los poderes del Estado. Cuando un solo partido domina todos los poderes se establece una dictadura que regla o intenta reglar la vida pública y hasta privada de cada miembro de la sociedad. Entre más poder concentra un partido o una persona, peor es para la democracia.

El Salvador necesita consolidar su democracia. Necesita de un liderazgo profundamente comprometido con el respeto a la institucionalidad del país. Entender que un adversario político no es un enemigo al que hay que insultar a cada momento. Al final el enlodado es el poderoso que aprovechándose de su poder temporal denigra a un ciudadano. La crítica del ciudadano a los gobernantes, no es una concesión, es un derecho en la democracia.

Consolidada la democracia, como se practica en las 25 o 30 naciones más prósperas y libres del mundo, lo que impera es la ley y no las ocurrencias y caprichos del gobernante de turno. Es indispensable, pues, el respeto a los contratos y al Estado de Derecho para el despegue económico. La prosperidad económica está fundamentada en la confianza y esta sólo se genera cuando se respeta la ley y se ejerce un liderazgo respetuoso de los ciudadanos.

Los gobiernos no generan riquezas. Esa es una fantasía que los populistas han vendido muy bien en América Latina. En tiempos de campaña, como la que vivimos hoy, los candidatos populistas prometen regalos de dinero, zapatos, comida y hasta casas, como si de su buena voluntad y de su bolsa va a salir el dinero. Todo lo que el gobierno gasta, incluyendo el salario del presidente proviene de los impuestos que pagan los ciudadanos.

La mayoría de los salvadoreños piensan, eso dicen los resultados de las encuestas y grupos de enfoque, que la corrupción no los afecta. La verdad es que a mayor corrupción de los gobernantes, peor es la calidad de vida de los ciudadanos. De manera que El Salvador urge de transparencia en el manejo de los fondos públicos. Y eso sólo se logrará estableciendo los mecanismos seguros para fiscalizar a los gobernantes, no sólo desde instituciones del Estado sino desde las instancias ciudadanas.

En los países donde hay corrupción, como lo indican las estadísticas, crece la pobreza. Es lógico: el dinero que debe ser utilizado para invertir en escuelas, salud, educación, carreteras, seguridad, va a parar a los bolsillos del gobernante y sus amigos. La corrupción es un factor que incide directamente en la calidad de vida de los ciudadanos. Al final resulta caro vivir en un país pobre con políticos muy ricos.

Lo que en realidad genera riqueza, empleo y prosperidad general es la libre empresa. Lo que sacó a millones de chinos de la degradante pobreza no fueron los programas sociales populistas, sino la llegada de las grandes empresas estadounidenses, inglesas, alemanas, japonesas y de otras potencias económicas. La apertura económica liberal permitió que hoy ese populoso país sea la segunda potencia económica del planeta.

En resumen lo que El Salvador necesita es democracia sólida, respeto a la ley, transparencia, confianza, promover la inversión privada, atraer inversión extranjera. Entonces sí habrá empleo y se elevará la calidad de vida de la gente. Pienso que un buen gobernante, más que ponerse "creativo", lo que debe hacer es respetar la ley, procurar la seguridad y la armonía social y estimular el desarrollo de un fuerte tejido empresarial.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com