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Lo que realmente debiera importarnos del caso Flores Taiwán

El espectáculo que el consorcio FMLN-GANA creó alrededor del supuesto caso contra el expresidente Francisco Flores, es un perverso ejemplo de las acciones políticas que las izquierdas usan para perpetuarse en el poder.

Hábilmente diseñado y magistralmente ejecutado por un escogido elenco liderado por Mauricio Funes, desvió la atención de muchos salvadoreños de los problemas reales de nuestro país y ocupó titulares hasta hace pocos días.

Las izquierdas son sumamente hábiles en manipular y sembrar odio, resentimiento e inconformidad en las masas, para cosechar las más torcidas acciones de los individuos.

El "caso", creado en el momento electoral justo, en base a habladurías difundidas por muchos medios y sustentado en pruebas de "dudosa procedencia" que aún muchos esperan conocer, exacerbó en un sector la siempre útil lucha de clases, enfrentando al estilo de la guerra, la sensiblería del "pobre desposeído" contra la altivez del "tirano ladrón y corrupto".

En otros dejó salir resentimientos acumulados por décadas de olvido público y se desquitaron descolgando fotos mientras resucitaban, brevemente, en los medios de comunicación. Otros, más "cautos", simplemente guardaron un silencio cómplice del que prefiero ni hablar.

Unos encontraron el "chivo expiatorio" a quien endilgar la culpa entera por la pérdida de las elecciones y "descubrieron" que todos sus males tenían origen en el nombre de Francisco Flores.

Cuando la trama decaía, empezaron a sonar los gritos de quienes, "por lo menos", exigían conocer a los "destinatarios" de los 10, 50 o 1000 millones perdidos, pero en cuanto empezaron a circular nombres, de nuevo y como por arte de magia, el "volumen" del aparato mediático de las izquierdas empezó a reducirse, hasta que los gritos histéricos del primer acto que invitaban a instalar patíbulos, se convirtieron en columnas "periodísticas" con sabor a súplica y programas radiales plagados de hipócritas frasecitas conciliatorias.

Lo cierto es que ahora que todo va quedando al descubierto, entre públicos golpes de pecho que arguyen falta de habilidad para el cálculo de días laborales y timoratos señalamientos de incapacidad, el sonado caso se ha convertido en una papa caliente que nadie quiere tener en sus manos.

Muchos, seguramente, no se han enterado de lo que, de verdad importa, sobre el caso Flores Taiwán.

Empecemos diciendo que es un triste recordatorio una de las debilidades de nuestra sociedad en la que, al margen del sistema jurídico, la inocencia o culpabilidad de las personas se ventila en medios de comunicación que son parte de la política estatal de callar a sus opositores o en sus "redes sociales".

Continuemos con la impunidad de quienes, por el momento, detentan el poder y que sobreviven políticamente ocultando lo malo que llena sus "negocios legales" mientras desacreditan a quien les place.

Podríamos seguir pero terminemos haciéndonos unas preguntas sencillas: ¿Quién sigue?, ¿cuál será el próximo nombre que utilizarán los oligarcas de las izquierdas para amenizar sus campañas electorales?, ¿el mío?, ¿el suyo o el de su padre, esposa o hijos?, ¿y sólo porque pensamos distinto, no somos del partido o resultamos políticamente molestos o inconvenientes?

Lo que realmente debiera importarnos del caso Flores Taiwán, es que se ha sentado un miserable precedente en que la dignidad de cualquiera de nosotros depende de las necesidades políticas de un grupo de oscuros personajes que sólo buscan perpetuarse en el poder.

*Colaborador de El Diario de Hoy.