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Lo que quiere la gente

La izquierda radical, Cuba y Venezuela, los dos grandes modelos que el FMLN ha ansiado emular, han colapsado catastróficamente. Todo el panorama se ha visto negro para el FMLN

Hace ya algún tiempo que el FMLN se ha dado cuenta de que la población tiene una pobre opinión de sus gobiernos, que ya suman seis años y medio en el poder. Esta opinión es compartida por muchos de su propio voto duro, que esperaban que con el FMLN en el poder la criminalidad iba a disminuir, la economía se iba a reactivar rápidamente, se crearía más empleo y se mejorarían los servicios públicos, incluyendo la educación y la salud. No sólo no ha pasado nada de esto sino que ha sucedido lo contrario y el pueblo está consciente de ello. Los resultados de las elecciones de la Asamblea confirmaron la declinación del partido, que se ha ido acelerando conforme la situación del país ha tendido a deteriorarse y conforme se ha ido volviendo obvio que más y más promesas electorales no han sido cumplidas.
 
Peor aún, en este año la izquierda populista que hace unos años parecía que iba en ascendencia ha sufrido derrotas sustanciales en Brasil y Argentina, mientras que la izquierda radical, Cuba y Venezuela, los dos grandes modelos que el FMLN ha ansiado emular, han colapsado catastróficamente. Todo el panorama se ha visto negro para el FMLN. 

Esto generó, desde bastante tiempo, una discusión interna en el partido, que tiene dos partes: una, es el diagnóstico de lo que está pasando; la otra, muy relacionada con la primera, es el programa de acciones que debe tomar el partido en vista de esta situación. 

Visto desde afuera, uno puede preguntarse cuáles son las motivaciones de los líderes del FMLN. Hay dos posibilidades: una, es que quieran revertir la desilusión del pueblo; la otra es enfocarse en mantenerse en el poder, independientemente de lo que quiera el pueblo. 

El diagnóstico emanado del congreso que recién realizó el partido contiene un diagnóstico que desvía la culpa del gobierno en todos estos problemas al “sistema capitalista” y a la “oligarquía”, repitiendo exactamente las ideas que llevaron a su desgracia a Cuba y a Venezuela. Luego anuncian que han decidido “profundizar las reformas”, una expresión que significa moverse rápidamente para instalar un régimen socialista en el país. Entre las medidas que anuncian están la eliminación de la propiedad privada de todo tipo de empresa, que es la definición técnica del socialismo. Para que a nadie le quede duda, el documento dice que el FMLN se enmarca dentro de la tradición de la Revolución Rusa de 1917.
 
Las evidencias en todos los campos sugieren que el FMLN ha escogido un rumbo erróneo, no solo en términos del fracaso que han sufrido los países y partidos que han querido instalar un régimen socialista, sino en términos de lo que la población del país desea. 

Basta ver dos mensajes que emanan de la encuesta publicada ayer por El Diario de Hoy. Uno es que, después de 6 años y medio del gobierno del FMLN, el 79 por ciento de la población salvadoreña quiere irse a vivir a otro país. El otro, más contundente todavía, está en la lista de países a los que la población quiere emigrar. Si los salvadoreños quisieran vivir bajo un régimen socialista, desearían irse a vivir a Cuba o a Corea del Norte, y si quisieran vivir en un país en camino a convertirse en socialista desearían irse a vivir a Venezuela. Pero nadie quiere irse a esos países, sino a Canadá, Estados Unidos, España, Australia, Alemania, Costa Rica, Suecia, Panamá, Suiza, Inglaterra, Francia, Italia, Argentina y Noruega. Todos estos países son capitalistas, defensores de la propiedad privada y organizados políticamente como democracias liberales. Ninguno de los países de Alba, los supuestos paraísos, aparece en esta lista. 

Si la motivación del FMLN fuera realmente darle al pueblo lo que el pueblo quiere, debería de reflexionar al ver este mensaje y cambiar sus objetivos, de instalar un régimen socialista a una democracia capitalista como la que los salvadoreños demuestran claramente que desean, porque quisieran irse a vivir en una de ellas. Esta es la única manera en la que podrán mantenerse en el escenario político del país. Mantenerse en el poder aunque la población no quiera no es legítimo. 

*Máster en Economía,
Northwestern University.
Columnista de El Diario de Hoy.