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Que quede absolutamente claro

Aunque no estoy comprometido como profesional en ninguna campaña, los ataques sucios contra mi persona continúan. La situación no deja de ser incómoda y, a juzgar por los que me escriben, se presta a confusiones. Por respeto a mis lectores debo hacer algunas declaraciones para que queden absolutamente claras mi posición, mis convicciones.

Los ataques sucios de un sujeto que firma con nombre de payaso y de sus adláteres, no me provocan nada. Después de haber sido atacado por años con bombas de 500 libras, asustarse frente a los tuits del payaso y de su nuevo patrocinador es faltarle el respeto al miedo.

A mediados del año pasado, 2014, luego del cuestionado proceso electoral, tomé, tras consultas con mi familia la decisión de no volver a trabajar como profesional en el diseño de campañas electorales.

La decisión surgió sobre todo porque supe hasta el más mínimo detalle de la perversión y la despiadada crueldad de cómo se planificó y se procedió contra un amigo, para someterlo a él y a su familia, violando todos sus derechos, a un horrendo calvario. La tortura contra mi amigo en la que se usó todo el poder del Estado, me hizo dar un paso al costado. No por miedo, sino por asco.

Me aparté de la sociedad que junto a dos grandes amigos formamos para realizar cerca de 10 campañas electorales aquí en el país y en otras de la región.

Mis hijas, aquellas niñitas traviesas, son ahora profesionales. Una es Ingeniero Industrial. La otra es licenciada en Comunicaciones Integradas de Marketing. La menor está finalizando un Bachelor en Ciencias Políticas. Sandra tiene una Maestría en Administración de negocios y quien esto escribe es titulado en comunicaciones e Idioma Inglés.

Decidimos, pues, emprender nuestras propias empresas: una Agencia de Relaciones Públicas, otros negocios ligados al área editorial. Nada mejor que este ejército de mujeres profesionales como socias para emprender cualquier cosa con éxito. Así nos ganamos la vida. No hacer campañas políticas me da mayor libertad para opinar.

En 1995, como ya he relatado, rompí moralmente con el FMLN básicamente por dos razones: porque no pertenecí a las dos organizaciones que son sus dueñas y por el secuestro de Andrés Suster. No creo en el Partido Comunista, ni en sus candidatos aunque digan que no son comunistas. No hay vino nuevo en odres viejos, dice la Biblia. Creo que el FMLN es un partido que ha hecho retroceder al país desde el liderazgo en el que nos encontrábamos, hace unos años, a la zaga de todo. Allí están los números.

He votado y votaré por ARENA porque creo en su parte liberal. Mis escritos para argumentar mis posiciones los firmo con mi nombre porque opino como Federico Hernández que aquellos que se escudan o contratan a atacantes anónimos son cobardes. Repito: COBARDES.

En el caso de la alcaldía de San Salvador, aunque me toca votar en Santa Tecla, apoyaré con mi modesto aporte a Edwin Zamora. Lo apoyaré porque lo conozco bien. Porque sé que es una persona seria y transparente que ha manejado plantillas de hasta 10 mil empleados, porque es un verdadero renovador, porque en su equipo de trabajo no hay patanes que se dediquen a atacar desde la oscuridad del anonimato.

Apoyaré a Edwin Zamora como ciudadano libre que soy, porque tiene una familia ejemplar, porque es un emprendedor, de verdad, porque cree en el mismo Dios que yo creo y no dice cosas ambiguas al respecto. Lo apoyaré porque no es fantasioso, porque jamás se rebajaría a despotricar de manera arrebatada contra nadie, y si lo ha hecho ha tenido el valor y la humildad de pedir disculpas.

Apoyaré a Edwin, porque es de esas personas que ve en la política una manera de servir a los demás y no una forma voraz y apenas velada de hacer crecer el negocio familiar. Lo apoyaré porque nunca se ha ganado la vida de manera indecente, sino todo lo contrario. Pero sobre todo lo apoyaré porque estoy convencido que es el mejor hombre para continuar y superar por mucho el gran legado de Norman Quijano.

* Columnista de El Diario de Hoy.