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Lo que Piñera no dijo a los salvadoreños

Como salvadoreño residiendo en Chile, tenía curiosidad por lo que el presidente Sebastian Piñera diría en su reciente visita a El Salvador. Escuchar a un empresario-político-presidente hablar sobre las transformaciones logradas en su país, ahora en su mínimo histórico de pobreza y a punto de dar el salto al desarrollo, era una oportunidad imperdible.

Chile, tiene un ingreso por persona que es de 5.3 veces el de los salvadoreños, y crece a una tasa que es 12 veces más alta que la de El Salvador. Recibe 60 veces más inversión extranjera directa, y 5.6 veces más como relación de lo que produce (11.2% vs. 2%). La inversión en educación en Chile pasa por su mejor momento. Mientras la deuda de Chile tiene la misma calificación de riesgo que la de China y Japón y por ende puede financiarse a tasas de interés muy bajas, la de El Salvador --que perdió su grado de inversión-- ahora forma parte del club de bonos basura junto a Angola, Nigeria y Bolivia. La cosa no fue siempre así para Chile, hace sólo 32 años, el ingreso por persona era de sólo $2,942 USD por año, este año esperan cerrar arriba de $20,000 USD: el de El Salvador actualmente, es de cerca de $3,800 USD (en Paridad de Poder de Compra): reconociendo las diferencias, El Salvador puede aprender de la experiencia chilena.

La línea de discurso del presidente Piñera fue la usual: aburrida, al punto, atestada de datos, objetivos claros y plazos específicos: poco drama y heroísmo. Un acercamiento diferente para El Salvador, donde nuestros líderes poco hablan del cómo, quién, en qué plazo y cómo se pagará la cuenta de su visión de país.

A pesar que es ese el éxito del modelo chileno, quizás Piñera debió atenuar la cantaleta aburrida de los últimos 30 años: trabajo, libertad económica, Estado de Derecho y agenda social con enfoque en los más pobres. Tal vez los salvadoreños esperábamos historias más pedestres.

En términos de meritocracia, Piñera pudo mencionar que él mismo, así como su ministro de Hacienda --por mencionar un ejemplo-- tiene un doctorado en Economía en Harvard. Es usual que las credenciales de los servidores públicos chilenos sean envidiables: tienen claro que el conflicto con los inversionistas y la crispación en una sociedad, son muy mal negocio si se busca el desarrollo económico y social.

El presidente chileno debió contarnos que en Chile, él y sus ministros interactúan con los ciudadanos con profundo respeto: no se mueven en interminables caravanas en las que detienen el tráfico haciendo pírricas demostraciones de poder.

Habría sido positivo que Piñera mencionara que prometió en campaña, vender su participación en la aerolínea local para evitar especulaciones de aprovechamiento de su investidura para hacer negocios, y así lo hizo. Para quienes pensaban que el hecho que un empresario llegara al poder significaría que él y sus amigos harían fiesta de los fondos públicos, se equivocaron. De acuerdo al índice de corrupción de Transparencia Internacional, Chile ocupa la posición 20, junto a Estados Unidos y adelante que Francia. El Salvador ocupa la posición 83 y Venezuela 165, por mencionar ejemplos.

Piñera pudo contarnos que los periódicos en Chile son aburridos, generalmente con buenas noticias. Los chilenos no se quieren ir de Chile (ya no necesitarán VISA para entrar a los EE.UU.), ahora abren las puertas a decenas de miles de inmigrantes de otros países para que contribuyan al crecimiento. El camino al desarrollo ha sido de mucha tenacidad y tedio.

Finalmente, habría sido positivo ver a Sebastián Piñera, con la frente en alto reconocer que --diferente a su contraparte salvadoreño-- él no es un presidente popular. Usualmente, los países que se desarrollan no los tienen.

Tras la partida del presidente Piñera, en El Salvador, el secretario general del partido en el gobierno indicó que ellos no ven a al modelo que impera en Chile --mantenido y ajustado durante 20 años por gobiernos de izquierda-- como ejemplo a seguir. Ellos se decantan en cambio, por la experiencia en Ecuador, Bolivia, Argentina y Venezuela. La pregunta pendiente es: ¿Por qué entonces los ciudadanos de estos países están emigrando a Chile?

*Lic. en Economía y Negocios.

@jovelmunguia