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¡Qué patanería!

¡Qué pena ajena el show de la toma de posesión! Un día histórico, de mucha relevancia para un luchador social que inició su gesta hace casi cincuenta años y tener que realizarla en medio de tanta patanería y gestos de mala educación. El llamado del presidente Salvador Sánchez Cerén se vio ensombrecido por aplausos desmedidos, abucheos a contrincantes políticos y al presidente de un órgano del Estado, malacrianza de los diputados de ARENA e incluso por sus propias palabras de reconocimiento a un expresidente que no las merecía.

Para la derecha o aquellos que no sean de izquierda, atender la ceremonia era como ir a jugar un partido en cancha contraria, con toda la barra en contra y con pocas expectativas de un mínimo de decencia. Era lógico esperar acciones de este tipo, aunque obviamente habla mucho del nivel educativo que como país hemos logrado. Tiene mucho trabajo por hacer el presidente Sánchez Cerén. Me alegró que él mismo durante su discurso callara a sus seguidores cuando abucheaban al presidente de la CSJ.

Probablemente no ha caído en la cuenta que tal falta de educación y de respeto ha sido también cultivada por ellos mismos a lo largo de cinco años de desprecio de la institucionalidad por dirigentes de su partido, por el mismo presidente de la Asamblea Legislativa e incluso por el ex presidente que en ese momento despedían. En esos mismos días declaraba el máximo dirigente del FMLN, Medardo González, que la aceptación de la Sala de lo Constitucional del recurso presentado por el ingreso automático de los expresidentes al PARLACEN era persecución política. ¡Vaya atrevimiento que raya en la torpeza!

¿Cómo pedir educación a las masas enardecidas con el triunfo del FMLN cuando sus mismos dirigentes no son capaces de mostrar el mínimo respeto a la institucionalidad? Por supuesto que la Sala tiene el deber de estudiar los recursos presentados y de decidir cursos de acción que considere necesarios para el respeto de la Constitución. Hay una aparente contradicción entre la definición constitucional que requiere votación directa para el ingreso al PARLACEN y la legislación secundaria que decide que los ex presidentes pasan automáticamente a formar parte de ese órgano sin una elección explícita.

No sabemos cuál será el fallo final de este proceso constitucional, pero lo peor que podemos hacer es seguir pensando con los fantasmas del pasado en mente cuando efectivamente los poderes económico y militar dominaban todo el quehacer del Estado salvadoreño. Los tiempos han cambiado y también deberían cambiar los dirigentes del FMLN. No quiero ni imaginarme qué hubiera pasado si hubieran decidido celebrar el traspaso de mando en la Plaza Barrios. ¡Cuánto nos falta de educación política!, aunque quizás debo decir simplemente de educación.

Pero por supuesto no fueron los del FMLN los únicos que mostraron esa falta de educación. Los diputados de ARENA miembros de la directiva le faltaron el respeto a la institución de la Presidencia de la República. En ningún momento dar un saludo (con o sin pésame) implicaba algún tipo de reconocimiento a la matonería que lució el ex presidente Funes en su gestión, tampoco implicaba condonación alguna de los actos arbitrarios que pudo haber cometido, ni siquiera implicaba estar de acuerdo con el abuso de poder y el evidente irrespeto a la institucionalidad. El mensaje no fue negativo para Funes, a quien seguramente le sirvió para agarrar fuerzas y justificarse.

El mensaje negativo lo recibió la población y también los contrincantes políticos que justifican ahora su propia patanería con la de los otros. No podremos desarrollar jamás la visión del presidente Sánchez Cerén bajo el lema "unidos crecemos todos" si no logramos cultivar relaciones de respeto y aceptación de las diferencias. Y ese reto lo tienen en primer lugar los dirigentes. Ojalá que aprendamos como se oró al final que hasta en la más mordaz crítica se esconde un poco de verdad. ¡Humildad, compatriotas!.

*Columnista de El Diario de Hoy.