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¿Qué pasó con el amor de la izquierda por la libertad de expresión?

Todo esto nos deja a los salvadoreños con las siguientes preguntas: ¿Qué pasó con la lucha del partido de izquierda por la democratización de El Salvador?

Recientemente, leí un artículo escrito por Roger Pilon, el Vicepresidente de Asuntos Legales del Cato Institute, un prestigioso tanque de pensamiento en Estados Unidos, reconocido por defender la libertad individual. El artículo se titula “Whatever Happened to the Left’s Love of Free Speech?”, que traducido a nuestro idioma, significa “¿Qué pasó con el amor de la izquierda por la libertad de expresión?”.

Pilon señala que hubo un tiempo en Estados Unidos, en el que se podía contar con la izquierda para defender el derecho de libertad de expresión; pero, afirma que “un sinnúmero de ejemplos”, desde amenazas de enjuiciamiento contra críticos, o intimidaciones a grandes empresas para que dejen de financiar a organizaciones civiles y a tanques de pensamiento que defienden ideas contrarias a las propias, demuestran hoy, según Pilon, que esos días han quedado atrás.

Al leer este artículo, no pude sino sentirme identificado, ante varios hechos suscitados recientemente en El Salvador. Por ejemplo, algunas propuestas de leyes que se han estudiado en el seno de la Asamblea Legislativa, que no buscan sino coartar nuestro derecho fundamental a la libertad de expresión. Entre estas, la propuesta de Ley Especial contra los Delitos Informáticos, con la que se pretende establecer penas de tres a cinco años de cárcel para aquellas personas que, haciendo uso de las redes sociales o de otros medios tecnológicos, difundan información que pueda ser lesiva al honor de otra persona. 

Por fortuna, la aprobación de esta ley se detuvo a último momento, debido a las fuertes críticas, pero eso no ha detenido el empeño del partido de izquierda, que sigue propugnando por reformar el Código Penal para penalizar la crítica, con un proyecto mejor conocido como “Ley Mordaza”.  

Y qué decir de uno de los más destacados alcaldes de izquierda en El Salvador, que decidió autodenominarse “Líder del Ejército de Troles”, luego de ser señalado por posibles nexos con un colaborador de prensa de la Asamblea Legislativa y exempleado de la Presidencia de la República, quien fue detenido bajo acusaciones de ser el trol que vulneró la página web de uno de los principales medios de comunicación del país. En su perfil de Twitter, este alcalde publicó: “Alguien dijo una vez: 'prefiero ser pirata que unirme a la marina'” y, enseguida, hizo una reveladora encuesta, a través de la cual pidió a los usuarios que votaran si preferían a “un ejército de troles”, o a un “esbirro de EDH y LPG”. Los piratas, como todos sabemos, son saqueadores de lo ajeno que operan en los mares; la marina, en cambio, es el servicio armado que está a cargo de la defensa de un país. Pero él, consciente de que estaba insinuando que prefiere ser un saqueador de lo ajeno, como el trol que suplantó el dominio y los emblemas del medio de comunicación, que defender la libertad de expresión, no tuvo ningún reparo en publicar este tuit.

Es inevitable señalar, también, el discurso y los documentos que emanaron del Primer Congreso del partido de izquierda, que le ponen los pelos de punta a cualquier persona que cree en el Estado de Derecho, en la democracia y en la alternancia en el poder, la que le permitió a la izquierda llegar al Ejecutivo. En tales documentos, se incita al odio y a la lucha de clases, a la dominación y hegemonía de un solo partido, y declaran como enemigos “de lucha” a los medios de comunicación, a las universidades privadas, y a las fundaciones que defienden los derechos fundamentales. 

Olvidan que ellos, antes, defendieron con su vida los mismos derechos y que, en los Acuerdos de Paz, se comprometieron a impulsar la democratización del país, a garantizar el irrestricto respeto a los derechos humanos, y a reunificar a la sociedad salvadoreña. Ahora que están en el poder, estos derechos se han vuelto incómodos para ellos y por eso buscan la manera de limitarlos. Tal como dice George Orwell en La Granja de Animales: “la revolución se suele morder la cola. Lo que se había prometido no solo no se cumple, sino que se cumple al revés: se termina por hacer lo que no se debía hacer; se prohíbe lo que antes se permitía”. 

Todo esto nos deja a los salvadoreños con las siguientes preguntas: ¿Qué pasó con la lucha del partido de izquierda por la democratización de El Salvador? ¿Qué pasó con el amor de la izquierda por la libertad de expresión?.
 


*Abogado.