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Lo que necesitamos los salvadoreños es “Perdón”…

¿De verdad queremos esto? ¿Vivir en una jungla violenta donde sobrevive sólo el más fuerte, el más poderoso, el más rico, el más armado, el más tramposo?

¿Qué necesitamos los salvadoreños? !Qué pregunta! Parecería que nos faltan tantas cosas que sería una tarea ardua tratar de enumerarlas. Sin embargo, luego de presenciar el pasado jueves la multitudinaria reunión para escuchar al Padre Luis Zazano – joven cura argentino que hace apostolado a través de las redes sociales- quien visitó nuestro país para hablar sobre “el Proyecto del Perdón”, no me queda duda de que eso es lo que necesitamos los salvadoreños: liberarnos de tantos resentimientos personales, sociales, políticos y económicos que llevamos cargando desde hace tanto tiempo, y que vamos transmitiendo de generación en generación.

El Padre Luis dijo, “no todas  las ofensas causan resentimiento, pero sí todos los resentimientos son causados por una ofensa”. Explicó que el resentimiento es un sentimiento que causa dolor, y como se repite y repite en el pensamiento, sigue lastimando a través del tiempo; profundizando heridas y evitando que estas cicatricen. El resultado de vivir con resentimiento es la violencia, expresada en pensamientos negativos, en palabras hirientes, en gestos groseros, en actos crueles…

 En nuestro país ha habido tantas ofensas y tantos ofendidos como en muchos lugares del planeta y momentos en la historia. Sin embargo ¿por qué los salvadoreños no perdonamos y seguimos adelante? Aunque el perdón es una decisión personal -que no esta condicionada ni siquiera a que quien ofende reconozca su error-  me parece que lo que verdaderamente ha contribuido a envenenar y mantener dividido nuestro país son esas palabras y acciones de diversos personajes públicos que irresponsablemente se encargan de mantener esas heridas abiertas y de continuar inyectando veneno en ellas.
 
Me parece que los salvadoreños, que somos buenos por naturaleza, que vivimos en medio de tanta pobreza e ignorancia, tenemos necesidad de creer en alguien, de confiar en que alguien se interesa verdaderamente por nosotros. Entonces caemos fácilmente en la trampa y nos tragamos el veneno que nos dan. Incluso llegamos a sentirle buen sabor y a desearlo, si viene acompañado de una canasta, un vale o la promesa de que harán algo por nosotros. Se nos ha hecho como un vicio. Cuando escuchamos a alguien recordar ofensas pasadas e incitar a tomar venganza sobre ellas (sobre todo cuando la justicia humana ya las había condenado u otorgado amnistía) se nos vuelve a subir la adrenalina y volvemos a caer en el mismo círculo del odio... ¡quedamos atrapados en el pasado!

¿De verdad queremos esto? ¿Vivir en una jungla violenta donde sobrevive sólo el más fuerte, el más poderoso, el más rico, el más armado, el más tramposo? Creo que se nos ha olvidado que podemos aspirar a más... ¡Que cada uno de nosotros puede elegir tener una vida mejor, “libre de resentimientos”!

Es cierto que perdonar no es fácil… y que entre más grave la ofensa cuesta más; sin embargo, es posible hacerlo. Si Marta Obregón, joven española que fue asesinada por resistirse a ser violada pudo perdonar a sus asesinos; y la madre de María Goretti no sólo perdonó a Alessandro Serenelli, vecino y asesino de su hija adolescente, sino que además lo acogió y se ocupó de el mientras estuvo preso ¿será tan difícil que nosotros nos perdonemos? Ojalá que la reflexión del Padre Luis contribuya para que los cientos de personas que lo escuchamos nos comprometamos personalmente para frenar la ola de resentimiento y violencia en nuestros corazones, y por ende en nuestro país, y elijamos perdonar; sabiendo que muchas veces nosotros también necesitamos que nos perdonen. Sólo así conseguiremos vivir en Paz.
 

*Colaboradora de El Diario de Hoy.
@MonicaPacas