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Lo que nadie dice de Ley de Medicamentos

En los Ochenta vi una película llamada, "Los dioses deben estar locos". En ella, un piloto aviador tira un envase vacío de Coca Cola desde las alturas directo sobre la zona de Kalahari, en medio de una tribu de bosquimanos. Los nativos recogen el envase, que nunca habían visto y sobre ese objeto se desarrolla la cinta.

Para nosotros un envase es hasta basura tirada en las calles y por esa razón encontrábamos a los bosquimanos divertidamente atrasados. Porque ¿en qué lugar de este mundo no conocen un envase de Coca Cola? Es lamentable que con la tan afamada "Ley de Medicamentos", en El Salvador, estamos ingenuamente cayendo en algo muy parecido a la hilarante película de los Ochenta.

Hemos ahuyentado a la industria farmacéutica que lidera la investigación, desarrollo y control de calidad en el mundo. La "Coca Cola" de la ciencia tras los medicamentos se está yendo de aquí sin despedirse. ¿Sabía usted que laboratorios como Pfizer, Janssen y Roche, entre otros, ya no existen en el país?.

Cuando surgió la ley, hicieron el juego del limbo. Les fueron poniendo techos a los costos de las medicinas para el público. Y como para las compañías farmacéuticas internacionales el mercado salvadoreño es pequeñísimo, optaron por irse, dejándonos a merced de los genéricos.

Valga aclarar que no tengo nada contra los genéricos, pero sí quisiera explicarle a usted, estimado lector, que cuando una casa farmacéutica desarrolla un producto X, después de mucha investigación, este producto tiene que pasar por los más delicados procesos de calidad y ser aprobados, en sus efectos y formas de acción, por organismos como la FDA. Incluso, a veces, después de invertir muchísimo dinero, se descubren efectos adversos en productos que ya están a la venta, lo que obliga a retirarlos del mercado.

Pero cuando se trata de genéricos, estos deben esperar ---¡en ocasiones, hasta diez años!---, a que expiren las patentes de los productos farmacéuticos para poder venderse. En otras palabras, es probable que ese genérico que usted consume tenga una década de haber sido producido.

Si lo que el gobierno quería era que bajaran los precios de las medicinas, ¿por qué no quitó los impuestos que las gravan? Gracias a la cadena de introducción, distribución y venta al público, los medicamentos podrían disminuir hasta un 30 % por esta vía. Además, el Estado dejaría de hacer compras millonarias de productos para la red nacional hospitalaria, se detendría el contrabando de medicinas y no se irían del país las marcas que investigan e invierten en desarrollo de medicamentos.

Pasemos ahora al control de calidad. Varios fabricantes de genéricos invierten dinero en la calidad de sus productos, pero en muchos casos esto no es suficiente. Lo que se hace es comprar la materia prima (sal) en el extranjero y maquilar el producto aquí. Los resultados negativos de estos procesos se llamarán después "errores en la medicación", prevenibles, con importantes repercusiones no solo desde el punto de vista humano, asistencial y económico, sino también porque generan desconfianza en los pacientes y en el sistema, dañando a profesionales e instituciones.

Un buen programa de seguridad clínica es capaz de detectar cuándo una bacteria ha desarrollado resistencia a un antibiótico genérico, ordenando que este sea retirado del mercado.

Es lamentable que este tipo de biotecnología no exista en El Salvador. Aquí, por encima de los resultados de los productos, estos se venden. Si usted fuera un bosquimano de Kalahari, por supuesto que tiene derecho a seguir tomando agua de río si es lo que quiere. Pero si lo que le apetece es una Coca Cola, ahora tendrá que invertir sus recursos e importarla.

Nuestra flamante Ley de Medicamentos le está reduciendo, de manera significativa, sus márgenes de maniobra como consumidor. Por cierto, en la última publicidad política sobre el marco legal de las medicinas aparece una señora diciendo: "Ahora sí puedo comprar los medicamentos"… ¿Pero, acaso no es obligación del Estado darlos?

*Doctor en Medicina.