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Lo que no se mide (correctamente), no se mejora

Trabajar juntos en el desarrollo de nuestras comunidades se facilita si contamos con datos apropiados, oportunos y completos sobre cómo nuestros esfuerzos están contribuyendo al progreso social

Las empresas no operan en una realidad distinta a la del resto de la sociedad. Incluso en la era de la globalización, las compañías se establecen en una comunidad, de la que son miembros y a la que buscan transformar positivamente. Además de su misión principal, que es generar rentabilidad y empleos, las empresas aportan valor a la sociedad generando bienestar, desarrollo e innovación.  
    
El concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no solo reconoce la necesidad de hacer negocios integrando a la comunidad, sino también el deseo de contribuir a hacer una diferencia impulsando el progreso social. Por décadas, inclusive durante eventos catastróficos como el terremoto de 1986 a media guerra, muchas empresas han destinado una cantidad importante de recursos a diversos proyectos que buscan desarrollar a las personas del entorno en el que operan. Exitosos programas de salud, educación, vivienda, desarrollo de habilidades, entre muchos otros, han nacido y encontrado apoyo en el sector privado. Sin embargo, un problema que afecta a los programas públicos y privados es la falta de información de calidad para diagnósticos y evaluaciones confiables y veraces. Ciertamente, la experiencia trabajando de cerca con la gente aporta elementos fundamentales para diseñar programas adecuados a sus necesidades. No obstante, sin datos y métricas adecuadas no se puede realizar un diagnóstico apropiado ni un diseño óptimo de la intervención y, por consiguiente, no se logra una eficiente administración de los recursos.

En El Salvador, y particularmente dentro del sector público, no poseemos una cultura de evaluación, medición de resultados, transparencia y rendición de cuentas. El presupuesto para programas sociales es definido, a veces, de forma arbitraria y poco sustentada, y cuando se utilizan métricas, suele caerse en el simplismo de la medición monetaria de los ingresos o en el reporte de los montos ejecutados, indicadores que no hacen mucho por explicarnos el impacto positivo y sostenible que una intervención social ha tenido sobre la calidad de vida de una familia.   
Para superar lo anterior, en Fundación Poma, y ahora durante la semana de la RSE,  promovemos el Índice de Progreso Social (IPS), como una herramienta de diagnóstico, diseño, monitoreo y evaluación de las iniciativas sociales. Con el IPS no reemplazamos ni eliminamos los datos tradicionales sobre PIB, pobreza y necesidades básicas, sino que los integramos y complementamos en una medición profunda y estructurada de la realidad. Actualmente el IPS es promovido a nivel mundial por Michael Porter, profesor de la Universidad de Harvard y quien, además, lideró el diseño del Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial e introdujo la noción de valor compartido como evolución de la RSE.

Queremos que el sector privado, ya comprometido con mejorar la calidad de vida de los salvadoreños, hacia adentro de sus empresas y en la comunidad, sea líder en promover continuamente esta cultura de medición, en profundizar su conocimiento sobre las necesidades más urgentes de la sociedad, en monitorear el impacto de sus programas y en establecer una nueva y eficaz estrategia para definir los planes de acción para intervenciones comunitarias. Con el IPS, se entrega una evaluación amplia y completa de las condiciones de vida de las personas, de la medida en que la sociedad cumple con esa visión de permitirle a sus ciudadanos alcanzar su pleno potencial. Combinando el IPS con los recursos y capacidades del sector privado, buscamos maximizar el alcance de los programas sociales, en términos del progreso social que generan y el impacto positivo sobre la calidad de vida de los beneficiarios. 

En el sector público, también existen oportunidades de mejora en la medición de los programas sociales y la rendición de cuentas sobre la eficacia de los mismos. La ciudadanía debe ser informada con datos e indicadores idóneos para evaluar, de forma adecuada y transparente, el trabajo de sus gobernantes en áreas como educación, salud pública y seguridad.

Trabajar juntos en el desarrollo de nuestras comunidades se facilita si contamos con datos apropiados, oportunos y completos sobre cómo nuestros esfuerzos están contribuyendo al progreso social.  El verdadero valor compartido se obtiene cuando nuestro trabajo rinde fruto, tanto al crecer en productividad y competitividad, como al contribuir a que la sociedad en la que vivimos sea más segura, justa y libre.

*Director Ejecutivo, Fundación Poma.