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Es lo que hay y nunca hubo otra cosa

En contadas ocasiones un gobierno ha sido tan criticado y cuestionado como el actual, quizá por aquello del cambio que generó demasiadas expectativas. En efecto no hay semana sin que ocurran despelotes, pleitos, dimes y diretes, desplantes y habladas, discrepancias y episodios que desestabilizan el ambiente político del país.

El presidente de la República por el hecho de representar el país debería mantener una posición más equilibrada, tolerante y sabia para contribuir con la armonía social que ahora está por los suelos. En la práctica toma partido y adopta la actitud muy salvadoreña de "no dejarse de nadie". Esta forma de enfrentar las circunstancias no es la más feliz porque las criticas constituyen un tornillo sinfín, además el exceso de argumentos daña más que un prudente silencio, ya que la fortaleza no está en la lengua sino en el cerebro.

El pluralismo, el libre juego de las ideas y la tolerancia no son más que poemas al igual que la mayoría de los informes de los titulares ante la Asamblea Legislativa, la tónica es no complicarse la vida y brindar una imagen positiva como era de esperar, pero ¿qué es lo que tenemos en realidad después de un poco más de cuatro años?

Existe una galopante partidocracia que excluye, descalifica y no tolera a los que piensan diferente, un gobierno que ha recibido los mayores ingresos de la historia pero sin capacidad de pago, el crecimiento económico más bajo de Centro América, un endeudamiento que en los meses venideros puede alcanzar un nivel peligroso, crecimiento y fortalecimiento de pandillas como consecuencia de la tregua hipócrita, violaciones a la ley y a los procedimientos establecidos, falta de transparencia, arremetidas tributarias periódicas y una "hemorragia fiscal" sin precedentes.

El salvadoreño pensante se pregunta: ¿Cómo es posible que ocurran tantos desatinos, yerros, chapucerías, desaciertos, inclusive hasta problemas de redacción como la insistencia en usar un lenguaje sexista?

Es posible que el equipo de gobierno, pese a sus buenas intenciones y deseos de trabajar no estaba preparado, lo que se percibe en la cantidad de funcionarios empíricos que tocan "a oído" y que por cierto a menudo hacen quedar mal al mandatario.

Otra explicación podría ser la falta de visión en los nombramientos, vemos por ejemplo la educación del país en manos de personas no especializadas, el caso del mandamás de la Asamblea Legislativa que ha hecho quedar mal al presidente en no pocas ocasiones y el caso no menos notorio del exministro de Seguridad y Justicia, que sufrió un gran desgaste con la tregua y la falta de transparencia y se insiste en nombrarlo de nuevo al frente de una cartera habiendo otros candidatos.

¿Será que el gobierno está siendo saboteado desde adentro? Según parece algunos de sus asesores tienen una cuota de responsabilidad, por ejemplo ¿quién asesoró al candidato del FMLN para que anunciara públicamente que es un fiel admirador del "chavismo" de Venezuela? Esta declaración causa preocupación porque todo mundo sabe que "chavismo" entre otras cosas significa estar favor del fraude electoral y el despotismo, ser enemigo de los EUA, romper la institucionalidad, usar chusmas armadas y violentas para intimidar a la oposición, cerrar canales de tv y apoyar el narcoterrorismo de las FARC.

*Dr. en Medicina y Colaborador de El Diario de Hoy