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Que hable la gente

Hoy no voy a escribir, le voy a prestar el espacio a los venezolanos, que desde hace tres semanas salen a las calles a manifestar un profundo descuerdo con su gobierno.

Basta hacer una búsqueda de fotografías en Internet, y entresacar algunos de los carteles y pancartas que la gente muestra en las calles, y prestarles este espacio impreso.

Son muchas las pancartas y mantas callejeras que tratan de explicar al mundo por qué protestan: "No nos controlen los alimentos, no somos Cuba. Somos Venezuela". "No nos mandó Leopoldo, nos mandó la inseguridad, escasez, violencia, atropello, devaluación, pobreza". "Tener patria es comer completo", o una doble que sostienen dos muchachas codo con codo: la primera dice "nos están matando… con balas", y a su lado la otra cartulina pone "nos están matando… con la escasez". Hay cartel que, corto y lapidario, resume todos: "hartos de sobrevivir… queremos vivir".

No le cuestionan a Maduro que haya usurpado el poder, son conscientes de que ellos mismos fueron quienes lo eligieron: "el peor error de este pueblo fue votar por un burro, para complacer un muerto", reza uno de los letreros, y otro, más picante: "murió el tío Simón, y nos dejó un caballo viejo; Chávez se murió y nos dejó un burro pendejo"…

Los estudiantes fueron los primeros en protestar: escriben, "las ideas son a prueba de balas", y reclaman: "estudiantes presos, delincuentes libres", se envalentonan ante la represión: "los huevos no están escasos, los tienen los estudiantes"… Sin faltar el adolescente que echa en cara su incongruencia a los integrantes de un pelotón antimotines, enfrentándolos armado solamente con una página arrancada de un cuaderno, en la que ha escrito: "disparas a quien juraste defender".

Las mujeres también son protagonistas: "mujeres por la paz y la libertad: así como pariste tus hijos, atrévete a parir la libertad por Venezuela", también: "hijo, me fui a luchar por Venezuela, para que no te vayas con ella ni de ella". Sin faltar, por supuesto, referencias al coraje: "aquí en el Táchira, hasta las mujeres tienen bolas".

Todos protagonistas, e invitan a los demás a unírseles: "si mi protesta atasca el tráfico, tu indiferencia atasca a Venezuela", "la calle es el camino para la libertad", "atención calle cerrada, país en construcción".

Todos saben que su vida corre peligro, como pone una de las cartulinas que se viralizó en las redes sociales, sostenida por una joven estudiante: "papá estoy marchando, si me ves no me dispares", o también: "no le temo a la represión del Estado, le temo al silencio de mi pueblo", mientras los manifestantes se animan mutuamente: "Venezuela, o te peleamos o te perdemos", "la lucha no es estudiantil, es de toda Venezuela", y escriben verdades duras: "que la muerte no se haga costumbre, debemos ser más", "no todo es caro en Venezuela. Aquí la vida no vale nada".

No faltan analistas: "estos castro-chavistas hablan como Marx, gobiernan como Stalin y viven como Rockefeller, mientras el pueblo sufre", "gente pobre con uniforme golpeando a gente pobre con hambre, para favorecer a gente rica que no tiene ni hambre ni uniforme". Ni los que declaran diáfanamente sus intenciones: "no somos ni de izquierda ni de derecha, somos los de abajo, y vamos por los de arriba".

Dice otra pancarta "en Venezuela hay escasez de todo, menos de balas". Pero no termino de estar de acuerdo, pues también sobra coraje y ganas de rescatar el país. Ese "bravo pueblo que el yugo lanzó", como reza la primera estrofa de su himno nacional, se hartó de padecer y hace lo que puede para enderezar lo que, después de unas elecciones, se torció por la mala índole de los elegidos.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org