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El que habla a espaldas de los demás…

"No hay que hablar mal de la gente, sobre todo si no está presente…".

Ana Vilma de Escobar me hizo recordar esa sabia enseñanza de mis mayores esta semana.

Me dejó impresionado cómo ella fue de una manera decidida pero educada a encarar a quien estaba tratando de denigrarla de una forma baja y vulgar, con silogismos y medias verdades y, lo peor, sin presentar siquiera una sola prueba.

Una jugada de mesón tan burda fue desarmada de manera oportuna y genial.

Es fácil denigrar a quienes no están presentes. Lo difícil es encararlos y hablarles frente a frente.

Por eso están las conferencias de prensa donde se hacen maliciosos juegos de palabras y los programas sabatinos chavistoides al estilo de "Aló, presidente", con preguntas complacientes y entrevistadores que sólo se dedican a escuchar.

Es fácil esparcir rumores o falsas historias, como la que el órgano de propaganda oficial difundió desde el lunes con título "Ordenan capturas en el caso Cel-Enel". ¿Equivocación u obsesión enfermiza de que pasen las cosas?, lo cierto es que ha quedado grabado como uno de los pecados de la comunicación oficial.

Lo difícil para ciertos personeros del gobierno es que les hagan preguntas incómodas o críticas sobre las propias fallas o incompetencias. La salida más olímpica, como lo hemos visto, es "asumir demencia" o responder con otras cosas o volver al pasado. Lo mejor es preguntarles lo que a ellos les gusta, porque de lo contrario buscan humillar o descalificar al periodista diciéndole que "no había nacido todavía…" cuando algunas cosas pasaron.

Qué fácil es echarle todo el aparato del Estado a un grupo por un contrato, pero evaden indagar pagos millonarios por obras inconclusas y las denuncias de sobreprecios en los tarifas de energía que pagamos todos los salvadoreños.

Los que se creen más listos hacen leña del árbol caído cerrando negocios de sus adversarios y diciendo que después de una nueva inspección podrían revocar la medida. Primero disparan y luego preguntan.

Pero todavía más reprochable es que un funcionario impotente de sostenerse al verse emplazado se dedique a insultar a su interlocutora media vez ésta se ha retirado, sobre todo si es mujer. Esto sólo es comparable a los niños o las niñas (para ser "inclusivo" como dicen) que sacan la lengua a espaldas de sus compañeros.

Se ven con la misma impunidad con la que algunos se resisten a informar sobre los asesores legislativos o a dar cuentas de sus gastos y viajes, pagados con el dinero que todos entregamos al fisco.

Es que esos son los efectos de la cultura de que "Jalisco nunca pierde, y si pierde, arrebata", de la cultura del "les guste o no les guste" o "lo conquistado no se entrega", de la cultura de la imposición y la matonería.

Tanto que acusaron a los regímenes militares para venir a hacer peores cosas que aquellas que les achacaban.

Lo más importante es que personajes o procederes inescrupulosos de este tipo son los que la gente de bien no debe imitar ni apoyar.

Lo que esta gente no ha entendido es que no hay que escupir para arriba…