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"No puedo respirar"

No puedo respirar. No puedo respirar. No puedo respirar. Fueron las últimas palabras de Eric Garner, un padre de familia al que la policía intentó arrestar por vender cigarros sin impuestos. No era la primera vez que la policía de Nueva York acorralaba a Garner, persiguiendo su evasión tributaria. Sin embargo, desde el punto de vista de los incentivos, en un Estado donde los impuestos han alcanzado niveles ridículos, no es descabellado que vender cigarros sin impuesto sea un atractivísimo negocio para emprendedores y tomadores de riesgos con el reto de alimentar a una familia.

Esta vez, Garner decidió resistir, y pacíficamente dijo al grupo de policías que lo tenían acorralado que ya estaba harto y que lo dejaran en paz. A continuación, se desató la más desproporcionada respuesta por parte de la policía: un agente se colgó del cuello de Garner para intentar someterlo. En teoría, en el manual de la policía de Nueva York las llaves al cuello están prohibidas, pero eso no detuvo al paladín de la justicia que intentaba detener al "amenazante" hombre, quieto y acorralado frente al grupo policial.

Garner padecía de asma y otras complicaciones respiratorias. En cosa de pocos minutos y tras repetir incesantemente que no podía respirar, los policías comprobaron que no estaba exagerando: su cuerpo inerte quedó en la acera, muerto. Lo anterior fue captado por la cámara de un transeúnte impresionado por lo que veía y a quien rápidamente obligaron a desalojar el lugar.

A pesar de lo horrible de la historia, esta semana un jurado decidió que no habría cargos criminales contra el policía, todo lo que hizo se encontraba dentro de los márgenes de lo "legal".

También, dentro de los márgenes de lo que permite la ley, fue sostenida la inocencia del policía que terminó con la vida de Michael Brown, un joven sospechoso de haber robado cigarrillos de una tienda de conveniencia en Missouri. El policía afirmó que disparó más de seis veces contra el cuerpo de Brown porque temía por su vida: esto a pesar de que el joven estaba desarmado.

La respuesta de la sociedad ante estos recientes veredictos ha sido a través de demostraciones (la mayoría pacíficas) intentando señalar lo que es bastante obvio para los que creemos que los derechos individuales resultan mejor protegidos entre mayor es la restricción a la fuerza del Estado: si hay leyes bajo las que la impunidad en la brutalidad policial son permitidas, algo anda mal en las leyes.

El origen de estas políticas públicas brutales muchas veces tiene nombre y apellido en Nueva York, ese nombre es Rudolph Giulliani, el exalcalde que algunos erróneamente consideran una panacea en políticas de seguridad (y otros, con más razón, una amenaza a los derechos humanos).

A veces el populismo no sólo es el económico de extorsionar la pobreza de la ciudadanía a cambio de votos: a veces lo que se extorsiona es el miedo que tiene la ciudadanía de vivir en inseguridad, prometiendo políticas públicas de "mano dura" y los votantes, motivados por el miedo, dan su consentimiento para el endurecimiento de esa mano, que más tarde puede con la misma tranquilidad y legalidad, estrangular sus derechos: no puedo respirar.

*Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg