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Un proyecto mal planificado, pésimamente ejecutado

En los últimos días, hemos conocido los múltiples problemas que tiene el proyecto del Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana de San Salvador (SITRAMSS), el cual ha sido promovido por el gobierno como un proyecto beneficioso para el país, pero que le ha llevado demasiados costos, complicaciones y estrés a los salvadoreños, especialmente a los capitalinos.

Si hacemos retrospectiva, no es difícil entender los motivos por los cuales este proyecto desde su concepción iba encaminado a un fracaso, y acá con propiedad puedo expresar las grandes diferencias que tiene con nuestra idea de Metrobús.

Quizá el primer error fue definir este proyecto como de país, pero en la práctica no se involucró a los diferentes sectores que son parte de la problemática del transporte público en El Salvador y menos del Gran San Salvador.

Nuestra propuesta tomaba en cuenta a transportistas, usuarios, gobiernos locales, comercio informal, en fin a todos los que se verían afectados directa o indirectamente por el nuevo sistema.

Por otra parte, nuestra propuesta para buses articulados iba a aprovechar vías y corredores naturales de la ciudad, evitando reducir el espacio de circulación en una de las dos arterias que permiten a los salvadoreños recorrer la capital de oriente a poniente y viceversa.

Esa infraestructura, que aún no se termina y sigue prórroga tras prórroga, ha requerido de una inversión millonaria, en la que, para colmo, lo construido a la fecha ya muestra innumerables fallas, y lo más grave, es que el Ministerio de Obras Públicas no ha terminado de ejecutar las obras y ya quieren llevar el caos a otros puntos de la zona metropolitana de San Salvador.

La muestra de que esta infraestructura no era tan necesaria, es que nuestro Metrobús Municipal está realizando diferentes recorridos por los parques de la ciudad, beneficiando a diferentes centros escolares, haciendo uso de las vías normales de San Salvador.

A esto sumemos, que para las autoridades aparentemente no existen los problemas. Podemos comenzar señalando el grave error de no dejar acceso directo para que las ambulancias puedan entrar a hospitales como el Lamatepec o el Médico Quirúrgico.

En diferentes puntos de la ciudad, las personas tendrán que caminar grandes trechos en ocasiones en zonas complicadas por los riesgos de la delincuencia.

Hay más consumo de combustible por los congestionamientos, prometieron gestores de tráfico que aparecen sólo una vez al tiempo en horas pico, se invierte más tiempo en cruzar la ciudad, las redes sociales muestran los problemas que se generan ahora cuando se queda un vehículo en el único carril habilitado para particulares. Han llevado a que se formen verdaderos cuellos de botella en los puntos de entrada a los carriles únicos.

Al reducir la circulación en el Bulevar del Ejército afectaron la zona industrial del país, además de muchos negocios ubicados a lo largo de la Juan Pablo II, que en diciembre pasado perdieron la esperanza de mejorar sus ventas en la temporada, en fin.

Hoy miles de salvadoreños se niegan a utilizar las principales rutas al oriente del país o la Juan Pablo II. Quien lo hace es porque no tiene otra alternativa.

Por supuesto, esta realidad tiene otros efectos y se pueden ver ahora que el Ministerio de Medio Ambiente está midiendo la calidad del aire en varios puntos de la ciudad. El Centro Histórico es siempre el que sale con la peor calidad aire, con su respectivo efecto en la salud de quienes por ahí transitan, trabajan o viven.

Este ha sido un proyecto manejado en forma populista, con visión electorera, incluso con cierto oscurantismo porque estamos a septiembre sin conocer una tarifa que prometieron revelar luego de las elecciones de marzo.

Creemos que San Salvador necesita un sistema de transporte público más efectivo y por eso nunca nos hemos opuesto a esta iniciativa, lo que cuestionamos es el procedimiento seguido para hacerlo realidad y el secretismo con el que se maneja, pero especialmente que este ha sido un proyecto en el que se pusieron como prioritarios otros intereses y no los del ciudadano que debe ser el principal beneficiario de nuestra labor de funcionarios públicos.

*Alcalde de San Salvador.