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Protejamos a la Policía

El gran peligro es que la Policía termine generalizando la pérdida de su mística y se reproduzcan los vicios que complicaron la convivencia social en décadas anteriores y condujeron al estallido del conflicto armado

Mediante los Acuerdos de Paz, que pusieron fin a la guerra civil, las partes decidieron la disolución de los antiguos cuerpos de seguridad, entre ellos, la Policía Nacional, que había sido señalada por múltiples violaciones a los derechos humanos antes y durante el conflicto bélico. Para ello, fue necesaria una reforma constitucional que hiciera posible la creación de la Policía Nacional Civil basada en una conciencia cívica y democrática. Al mismo tiempo se creó la Academia Nacional de Seguridad Pública para adiestrar a los agentes y oficiales en el respeto a los derechos humanos, en el apego a la ley y a los procedimientos.

Costó un buen esfuerzo que la población comenzara a ver a la nueva Policía Nacional Civil en su nuevo rol independiente y no subordinado a la Fuerza Armada. Con agentes que volvían a casa después de su turno de trabajo y que interactuaban con la población desde una perspectiva de servicio y no de prepotencia. En general, ese espíritu se mantiene y la mayor parte de agentes continúan con su actuación democrática. No obstante, se sabe de grupos, que se espera sean pocos y aislados, ligados a las inteligencias de seguridad, que cada vez con mayor frecuencia traspasan la ley para realizar capturas arbitrarias, maltratos, plantación de evidencias y ejecuciones sumarias que se disfrazan de enfrentamientos. Esas actuaciones fuera de ley son parte de una política encubierta de combate a las pandillas. Por ser éste un punto sensible en la conciencia ciudadana los abusos de poder no sólo se califican como correctos sino también aplaudidos y acogidos como acciones heroicas. En el manejo político electoral que se hace del tema de la seguridad, también resulta beneficioso disimular los abusos con el fin de crear la idea de eficacia y que finalmente alguien le está dando su merecido a los malos. Sin caer en la cuenta de los ángeles del infierno que se están engendrando en el proceso.

Por los abusos de grupos pequeños dentro de la Policía se ha arrastrado a toda la institución a la espiral de venganzas de las pandillas. Agentes disciplinados y que han respetado el sentido democrático y garante de los derechos humanos de la institución se ven ahora como blanco de ataques violentos y sorpresivos. La preciosa vida de agentes inocentes y sin relación a los abusos de otros se han perdido dejando dolor y nuevos resentimientos en una sociedad ya harta de tanta violencia. Además, cuando pequeños grupos dentro de la Policía hacen uso de violencia excesiva con impunidad, se están criando cuervos que a corto plazo pueden pasar de la represión de las pandillas a la represión política, del pensamiento, de la defensa de los derechos humanos y de cualquier tipo de disenso. La violencia puede también comenzar a ser usada desde las instituciones para zanjar diferencias personales.


Los períodos de gobierno son limitados y la alternancia en el poder es una probabilidad objetiva que puede hacer heredar estructuras de impunidad que pasarán al control de quien no se imagina. El gran peligro es que la Policía termine generalizando la pérdida de su mística y se reproduzcan los vicios que complicaron la convivencia social en décadas anteriores y condujeron al estallido del conflicto armado. La Policía Nacional Civil es uno de los logros de los Acuerdos de Paz. No se debe desmontar aquello que a fuerza de tanto sacrificio se construyó y acordó como lo mejor para el país.

*Colaborador de El Diario de Hoy.