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Protegiendo a todos

De acuerdo a una noticia publicada la semana anterior un director de escuela pasó quince meses en prisión por un delito que no cometió. Una estudiante de 16 años lo acusó de haberla violado. Estaba embarazada y dijo que el director era el responsable. Con esto, además de justificar el embarazo, se desquitó del director quien tiempo atrás la había sorprendido teniendo relaciones sexuales con alguien que aún no ha sido identificado. Una prueba de ADN demostró que la acusación era falsa y el director quedó libre.

Quedó libre pero seguramente con la vida destrozada. Toda persona con un mínimo de conciencia siente dolor ante un caso así. Se pone en el lugar de este pobre hombre y se imagina, como si lo sufriera en carne propia, el calvario que tuvo que pasar. La humillación por una acusación de este tipo, los vejámenes, la preocupación por su familia y el temor prolongado y constante sobre su futuro. Afortunadamente aquí hubo una prueba científica que lo salvó. De no haberse usado su destino muy probablemente hubiese sido otro.

Este caso ha salido a la luz, pero ¿cuántos otros no habrá parecidos? ¿Cuántos inocentes estarán sufriendo cárcel por falsas acusaciones? Entre todas las injusticias ésta es de las más graves. Un objetivo básico de todo sistema de justicia es proteger al inocente. Cuando las leyes son demasiado inflexibles se corre el riesgo de castigar a personas que no son culpables. Con la intención de proteger a posibles víctimas se crea otras.

Hace algún tiempo conocí de un caso de otro país que guarda mucha similitud con el descrito. Se trataba de un maestro que había sido acusado por una alumna de haberla tocado. Fue encarcelado. En este caso lo que salvó al maestro fue la actitud de los investigadores que indagaron a profundidad y solicitaron exámenes psicológicos del presunto agresor. Terminadas las evaluaciones el perito le escribió al juez. Con una actitud que no puede más que admirarse por su nobleza fue más allá de hacer un reporte general y para reforzar sus conclusiones dijo al juez que había llegado a conocer tan bien al acusado y estaba tan seguro de su inocencia que no tendría ningún inconveniente en permitirle que llevara a su nieta a la escuela. Al final la estudiante confesó haber mentido y declaró que la acusación fue motivada por la rabia que sintió después de haber sido regañada en clase.

Y es que en los casos de abuso sexual es muy importante investigar bien al presunto agresor pues los chantajes y las acusaciones por venganza no son raros. Los agresores sexuales con frecuencia tienen historial de comportamiento antisocial y de anteriores conductas sexuales inapropiadas. Los antecedentes son importantes y con frecuencia proveen de pistas útiles.

A todos nos indignan los casos de violación y otros abusos sexuales, en especial cuando se cometen con menores u otras personas indefensas. Pero esta indignación no debe llevar a extremos en donde el acusado queda prácticamente sin posibilidad de defenderse, y es castigado sin mayores averiguaciones. ¿Qué se puede hacer para sacar de circulación a los abusadores, y al mismo tiempo evitar que inocentes paguen por cosas que no han hecho? La tarea no es fácil pero es sumamente importante. La investigación concienzuda, con interrogatorios especializados y la prueba científica cuando sea aplicable, ayuda mucho. Proteger a las víctimas sin dañar a los inocentes, ese es el punto.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.