Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

A propósito de la PAES. Reflexiones sobre la evaluación en educación

Tan importante como evaluar el proceso (educativo, en el caso de la PAES) resulta lo que se hará luego con los resultados

A propósito de la PAES y la efímera atención que usualmente generan sus resultados, creo que es conveniente reflexionar sobre aspectos importantes de la evaluación. Me centraré en el ámbito educativo, que me es más conocido, pero las generalizaciones a otras áreas son casi evidentes.

1. La evaluación es parte consustancial a todo proceso educativo bien pensado. De hecho, resulta una buena práctica que cuando el docente está preparando el curso (cuando está escogiendo qué va a enseñar y cómo lo hará), determine al mismo tiempo cómo y con qué instrumentos evaluará a sus estudiantes. De hacerlo así, es más probable que los instrumentos sean más pertinentes, justos y sensatos: como sabe lo que exigirá al final, se esmerará por enseñarlo bien durante el proceso.

2. Así vista, la evaluación lo que hace es confirmar la dirección y sentido del quehacer educativo, tanto para el docente como para los estudiantes. En procesos educativos bien estructurados, el estudiante debe conocer con antelación, desde el principio, qué es lo que se evaluará y cómo se hará. Revise usted un libro de texto “moderno”: sin excepción, todos establecen al inicio unos objetivos para el capítulo, incluyen un resumen (al inicio o final) y sugieren preguntas importantes para que el lector, por sí mismo, determine si aprendió lo fundamental del capítulo en cuestión.

3. La evaluación se realiza con la ayuda de instrumentos. Estos instrumentos son importantísimos y deben guardar relación con: a) los objetivos de aprendizaje, b) las competencias que se busca desarrollar, c) con los contenidos que se han estudiado en el período y d) con la manera o maneras en que esos contenidos se han desarrollado durante el período a evaluar. Si se evaluará de forma oral, entonces será conveniente entrenar a los estudiantes en este tipo de evaluación.

4. Ningún instrumento puede evaluar todo al mismo tiempo. Por ejemplo, el humilde termómetro que todos conocimos evalúa solo la temperatura corporal. No más. No mide ni la presión arterial, ni los triglicéridos, ni la concentración de azúcar, oxígeno u otros elementos en la sangre. ¿Es acaso más importante la temperatura que todos los demás indicadores mencionados? Tal vez en algunos casos, pero no en todos. ¿Por qué, entonces, es la temperatura la que las enfermeras controlan (evalúan), todos los días, en todos los hospitales del mundo, a los enfermos a su cargo? 

5. Tan importante como evaluar el proceso (educativo, en el caso de la PAES) resulta lo que se hará luego con los resultados. Por eso es esencial que quien evalúa sepa con propiedad qué está evaluando y que interprete apropiadamente los resultados que obtenga. ¿Ha intentado usted alguna vez interpretar una radiografía de tórax que le hayan tomado? Donde los ojos entrenados de un radiólogo ven un sospechoso --o definitivo-- absceso, tumor o crecimiento de algún órgano, los legos en la materia solo veremos sombras, en el mejor de los casos.

6. Resultados válidos y confiables, no buenos o malos, es lo que se le debe pedir al instrumento. Recuerdo que durante las primeras ediciones de la PAES, una vez que se conocieron los malos resultados obtenidos por los alumnos, una vocinglera funcionaria de entonces propuso cándidamente que, vistos tales resultados, se suspendiera ésta de forma definitiva. ¿Imagina usted qué habría de proponer esta bienintencionada señora si llegara a enterarse que, en la práctica, muchas de las mamografías que se hacen producen resultados indeseables? ¿Qué se suspendan? Me atrevo asegurar que cuando los resultados no son gratos, ni el hospital se desharía del aparato que toma la radiografía ni el médico tratante dejaría pasar esos resultados sin actuar en consecuencia.

Declaraciones de funcionarios del Ministerio de Educación que han aparecido en los periódicos, informan que durante el presente año se han realizado esfuerzos en algunos centros educativos públicos por tratar de mejorar los resultados que estos podrían obtener en la presente edición de la PAES. He colaborado profesionalmente con centros educativos privados que, habiendo tomado en serio los resultados que sus estudiantes obtuvieron desde las primeras ediciones de la PAES, trabajaron luego consecuente y sistemáticamente para mejorarlos. Pusieron más cuidado a la planificación docente, le otorgaron real importancia al proceso de evaluación de los aprendizajes, familiarizaron a los estudiantes con instrumentos de evaluación con la estructura de la PAES, entre otras medidas. No fue de un año a otro que mejoraron (pocas veces se ven resultados tan rápidos en educación), pero ya al cabo de tres años, los desempeños de sus estudiantes en la PAES fueron significativamente mejores y, en general, mejoró la calidad de la educación allí brindada. De eso se trata: no de hablar pestes del instrumento, sino de actuar en consecuencia a los resultados que arroja.

Por el bien del país, ojalá que los resultados de este año mejoraran. Pero si no, habrá que seguir trabajando día a día con ahínco. No hay de otra.

*Colaborador de El Diario de Hoy.