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El progreso y los estándares altos

Breve análisis Queramos o no queramos estamos compitiendo en una economía globalizada en la que el progreso sonríe a personas altamente educadas y muy entrenadas para pensar y cooperar a un nivel de mucha sofisticación

El progreso y los estándares altos

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El progreso y los estándares altos

En El Salvador tenemos una idea bastante perversa sobre los niveles de rigor que deben enfrentar los distintos estudiantes de cualquier disciplina. La idea es que los más débiles tienen que ser examinados con menos rigor para que saquen buena nota aunque sean malos en la materia. Este criterio se aplica a todo, desde el fútbol hasta el país entero. No es raro escuchar que los estándares de competitividad no se deberían de aplicar igual a todos los países sino que deberían de tomar en cuenta que aquí "todavía estamos empezando y se nos hace más difícil". Igual, cada vez que nuestros estudiantes sacan malas notas en sus exámenes salen propuestas para rebajar la dificultad de las preguntas para que los pobres muchachos no pierdan su autoestima.

Esta idea es perversa porque se orienta a engañarnos a nosotros mismos, haciéndonos creer que el mundo es mucho más fácil de lo que es y anestesiándonos para que no nos preparemos para triunfar en él. El pretender subirles la autoestima a los estudiantes a través de este engaño es perverso porque sólo los pone a tiro para que la realidad se las baje catastróficamente cuando traten de encontrar empleo o traten de progresar profesionalmente. Queramos o no queramos estamos compitiendo en una economía globalizada en la que el progreso sonríe a personas altamente educadas y muy entrenadas para pensar y cooperar a un nivel de mucha sofisticación. Los que no puedan competir a esta altura tendrán que hacerlo en actividades que generan mucho menos valor agregado.

La idea es perversa porque fomenta la mediocridad en un mundo en el que la riqueza y el desarrollo están cada vez más ligados a la excelencia. La Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (una organización formada principalmente por los países más desarrollados, OECD) ha encontrado varios factores comunes en los sistemas educativos más exitosos en el mundo. Todos están ligados a un nivel rigoroso de exigencia.

El primero es que todos estos sistemas han fijado estándares muy ambiciosos de rigor científico para todos los estudiantes: pobres y ricos, locales e inmigrantes, de cualquier color y origen. Los estudiantes en estos sistemas derivan su autoestima no de que les digan que son fabulosos o que se merecen todo, sino de que son capaces de competir en el mundo entero.

Segundo, estos sistemas no toleran el fracaso. Esto no quiere decir que no se admita que haya fracasos, que siempre los hay y muy provechosos, sino que los alumnos y los profesores deben sobreponerse a dichos fracasos y sacar las lecciones necesarias para triunfar.

Tercero, como la calidad de la educación no puede exceder la calidad de los profesores, estos sistemas atraen a los mejores jóvenes para que sean profesores. En los países subdesarrollados, y aun en muchos países desarrollados en los que la educación se está quedando atrás, los profesores no tienen la altura académica ni el respeto profesional que tienen otras carreras, como médicos o ingenieros. En los países que están marcando el paso del Siglo XXI, como Finlandia, sólo los mejores estudiantes pueden ser profesores.

Cuarto, el gasto en educación sólo representa el 20 por ciento del éxito. Ciertamente que hay un nivel mínimo de inversión en educación que es necesario para lograr el éxito, pero hay muchas más cosas que hay que hacer bien para que ese éxito se obtenga. Hay muchos países que gastan mucho y obtienen pobres resultados y países que gastan poco y logran el éxito.

En el caso de El Salvador hemos pensado por muchos años que lo único que tenemos que hacer es gastar más. Sin duda que lo tenemos que hacer. Pero tenemos que invertir el dinero inteligentemente, estableciendo altos estándares para asegurarnos de que nuestra juventud va a gozar de vivir en un país en pleno desarrollo, no en la mediocridad en la que vive en el presente.

En cómo lograr esto necesitan pensar los candidatos.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.En los países subdesarrollados, y aun en muchos países desarrollados en los que la educación se está quedando atrás, los profesores no tienen la altura académica ni el respeto profesional que tienen otras carreras, como médicos o ingenieros