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Producir antes que consumir

Uno de los principios básicos del desarrollo es que la ampliación y diversificación de los patrones de consumo de la población requieren de transformaciones previas en la estructura productiva que garanticen su sostenibilidad. Por el contrario, cuando la población, tentada por la "sociedad de vitrina", hace suyas ciertas "necesidades" ignorando los esfuerzos requeridos para su satisfacción bajo la forma de instrucción, de trabajo, de ahorro, de inversión, de producción y productividad, y de aprovechamiento de oportunidades, el resultado final es una sociedad de consumo que más temprano que tarde entrará en crisis y tendrá que ajustarse por la acumulación de desequilibrios macroeconómicos.

Comprender adecuadamente el significado y las implicaciones de este principio básico del desarrollo es indispensable para que El Salvador pueda salir del lento crecimiento económico que viene registrando desde la segunda mitad de los años noventa.

Para entenderlo, la historia proporciona dos ejemplos valiosos de tener en cuenta sobre cómo, ante oportunidades parecidas, las estrategias seguidas y los resultados han sido completamente diferentes.

El primer ejemplo, corresponde a la oportunidad derivada de la cuadruplicación que registró el precio del café en los 15 años posteriores a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la cual fue aprovechada para crear el marco de finanzas públicas que sirvió de soporte al modelo de industrialización por sustitución de importaciones que estuvo vigente entre 1950 y 1979. Concretamente, lo que se hizo fue sustituir el impuesto específico que se aplicaba por quintal exportado de café, por un impuesto ad valorem, dando lugar a un fuerte aumento en los ingresos tributarios que fue utilizado para: a) expandir el gasto social y la inversión pública; b) promover la modernización agrícola, y c) otorgar incentivos diferenciados a las industrias, según fueran clasificadas como de iniciación necesaria, de iniciación conveniente, de incremento necesario y de incremento conveniente. Los gastos públicos en salud y educación, que durante la primera mitad del Siglo XX apenas representaban el 4 % y el 8 % del gasto público total, triplicaron su importancia relativa, llegando a representar el 12 % y el 24 %, respectivamente. Adicionalmente, el Estado amplió sustancialmente la red de infraestructura de apoyo a la producción (i.e. carreteras, puertos, aeropuertos, energía eléctrica, telecomunicaciones, agua) y creó el polo industrial de Soyapango. El gasto público agropecuario, por su parte, llegó a representar el 8 % del gasto público total. Como consecuencia de esta orientación de la política fiscal y de otras políticas complementarias, la economía salvadoreña creció casi por tres décadas a una tasa promedio anual de más de 5 %, aunque no logró generar suficientes empleos formales, ni mejorar la distribución del ingreso.

El segundo ejemplo, es la oportunidad resultante de las remesas, las cuales de 1989 a 2013 han aumentado casi 17 veces, pasando de menos de US$ 250 millones el primer año a alrededor de US$ 4,000 millones en el último. En este caso, sin embargo, por coincidir con un período en el que ha estado en vigencia un modelo escéptico de las políticas sectoriales y que le ha apostado al libre comercio, ese ingreso extraordinario de divisas en vez de estimular la producción, ha servido para crear una economía en la que las variables más dinámicas han sido el consumo y las importaciones. Producto de ello, El Salvador ahora no solamente es uno de los pocos países en el mundo que consume más de lo que produce, sino también uno de los que reporta un mayor déficit comercial con relación al tamaño de su economía. Las tasas de ahorro e inversión, a su vez, han caído por debajo de 15 % del PIB y es, desde 1996, uno de los países que menos crece en América Latina.

Dado que el flujo de remesas continúa aumentando, El Salvador todavía tiene tiempo para hacer cambios en su marco de políticas públicas y aprovechar esta oportunidad para sustentar un nuevo modelo o una nueva estrategia que le permitan mejorar su desempeño tanto en términos de crecimiento económico, como de desarrollo humano. Para ello, habrá que pensar en políticas heterodoxas de distinta naturaleza. Una de ellas podría ser el aumento en las cotizaciones y en los ámbitos cubiertos por las redes de seguridad social de las personas asalariadas. Otra es la creación de fondos de apoyo a las apuestas productivas que liderarán el crecimiento económico y la generación de empleo, financiados mediante tributos y otras medidas que contribuyan a frenar el consumismo y la preferencia creciente por productos importados.

*Economista Jefe PNUD.