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Próceres modernos

Hace 192 años logramos la independencia de España. Para celebrar el paso que dieron personas que muchos sólo conocen de los cromos que venden en las librerías y papelerías del país o por verlos en el bulevar que lleva su nombre, se desatan en el país marchas escolares, entre confeti de colores y cachiporristas que la primera dama considera un insulto al feminismo. Se repiten en los discursos de los políticos de todos los colores, entre demagogia y demagogia, exaltaciones a "la patria" y "al pueblo" (comillas necesarias porque las palabras toman el significado que al político más le conviene en el discurso).

Lo curioso, sin embargo, es que por el estado en el que se encuentra el país, pareciera que pocos comprenden en realidad qué significa independencia. Y si bien, sí, independencia significa libertad en el sentido teórico, en el sentido práctico significa responsabilidad y capacidad de valerse por uno mismo, sin depender de nadie más. La responsabilidad, por lo tanto, implica esfuerzos y trabajo duro. Esto, que comprende tan bien un joven cuando deja de recibir ayuda económica de sus padres, o una madre soltera que debe velar por su hijo sin apoyo, parecemos olvidarlo cuando en las celebraciones de independencia dejamos correr los ríos de retórica y palabras vacías.

Esa responsabilidad, la parte que a nadie le gusta de la libertad, implica afrontar las consecuencias de los actos propios. Por ejemplo, de que la situación económica esté apretada porque se han despilfarrado fondos del erario público, que las calles estén sucias porque simplemente tiramos la basura; que tengamos una clase política que en su mayoría se sirve del servicio público en vez de servir al público, porque los que harían las cosas diferente prefieren no involucrarse.

Y por la situación actual se buscan culpables en gobiernos pasados y en el actual (que los hay, en niveles que ameritan que la Fiscalía jamás se tomara vacaciones) y se señala con el dedo a monstruos vacíos, como "los ricos", "la guerra", "las maras", cuando la responsabilidad empieza en casa y es personal. Las necesidades actuales ya no requieren actos heroicos o gestas bélicas, sino hacer extraordinariamente bien lo ordinario. El prócer moderno que internaliza realmente el concepto de independencia, vela porque sus actos no impongan consecuencias negativas a los demás: paga sus impuestos a tiempo y en orden, respeta las reglas de tránsito, se informa y exige rendición de cuentas claras a sus gobernantes, propone nuevas ideas, cumple con sus horas laborales, entregando lo que le corresponde a tiempo y en orden. Debate con respeto y con argumentos, reconociendo la humanidad de quien no comparte sus ideas aunque el otro no lo haga.

Sabe que así como a los mundiales no se llega con amaños, tampoco al desarrollo social ni al primer mundo, y por lo tanto, está dispuesto a poner el esfuerzo que el desarrollo implica. Sueña en grande, pero trabaja en grande. Cumple las reglas, para tener la autoridad moral necesaria al momento de reclamar cuando otros no las cumplen. Celebra la independencia con gusto, porque le ha costado. ¡Feliz Día de la Independencia!.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg