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Principio 90/10

Además, el tener un mejor discernimiento de la proporción en que estas emociones se nos presentan en el diario vivir, debe llevarnos a no permitir que estas inunden nuestra vida de acciones irresponsables 

Ante cualquier evento de tensión física o emocional al que nos enfrentemos, nuestra reacción estará en un 10 % condicionada por el evento actual y en un 90 % determinada por eventos que han sucedido mucho tiempo atrás, probablemente en la infancia temprana o en la adolescencia. Muchos de estos relacionados con la interacción con nuestros progenitores o las personas que cuidaban de nosotros en esas etapas.

 Ese 90 % incluye sentimientos no resueltos y culpas mal formuladas que hacen que “explotemos emocionalmente” sin que el detonante actual amerite una reacción de este tipo y magnitud. El ejemplo típico sería el de aquellos padres que pueden reaccionar iracundos si el hijo derrama su desayuno en la mesa antes de ir a dejarlo a la escuela. En este caso un 10 % de la reacción que presentemos ante ese evento será por el hecho de que el desayuno fue derramado, el restante 90 % será probablemente el reflejo de lo que sucedía en su infancia cuando el tenia estos accidentes y cómo era la reacción de sus padres ante estos incidentes. 

Solamente para confirmar que las actitudes y respuestas con las que actuamos en el presente fueron probablemente aprendidas en la interacción con las personas mayores con las cuales interactuábamos y que eran seguramente irascibles, coléricas y sobre todo de proporción desmedida, haciendo de su reacción actual una reproducción de lo que sucedía en su pasado A este fenómeno es que se le ha denominado “Principio 90 / 10”. 

Igualmente podría ser nuestra reacción ante una mentira, una discusión o cualquier evento de tensión, el mínimo de la respuesta estará condicionado por el evento actual y la mayor proporción será en respuesta a eventos que sucedieron en el pasado y de los cuales tenemos un pobre o nulo recuerdo; sin embargo el conocimiento de este Principio no debería servirnos para justificar nuestras malas conductas o tratar de limitar la responsabilidad que debemos tener con respecto a nuestras acciones, por el contrario el conocimiento de la desproporción de nuestras reacciones de enojo, irritación o desagrado ante una situación particular debe llevarnos a fomentar un proceso para reflexionar nuestras respuestas antes de actuar.

Además, el tener un mejor discernimiento de la proporción en que estas emociones se nos presentan en el diario vivir, debe llevarnos a no permitir que estas inunden nuestra vida de acciones irresponsables y sobre todo que no sean las reacciones emocionales impulsivas las que dominen nuestra vida. De igual manera es importante que nos ayuden a modificar ciertas reacciones que pueden llegar a ser problemáticas en situaciones determinadas, todo con la finalidad de poder tener reacciones equilibradas, racionales y coherentes ante las situaciones que de otra manera nos pondrían molestos. 

En este sentido es necesario recordar lo que el psiquiatra Carl Jung decía: “Hasta que no hagamos consciente los problemas más profundos del inconsciente, nuestra vida seguirá siendo dominada por el subconsciente y nosotros seguiremos diciendo que es nuestro destino comportarnos de la manera en que lo hacemos”.


*Doctor en Medicina. 
aguilarjoya@yahoo.com
Colaborador de El Diario de Hoy