Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

El Primer Grito

Hoy, 203 años después, celebramos el Primer Grito de la Independencia. Más allá de si era un movimiento de autonomía de la Capitanía General de Guatemala o genuinamente un movimiento de independencia de España, para los salvadoreños en nuestro imaginario cultural será siempre la fecha con la que iniciamos la celebración de nuestra independencia. Más allá de si eran las campanas de la iglesia de La Merced o del cabildo de San Salvador, más allá del rol de cada uno de los próceres reconocidos, sea el Presbítero José Matías Delgado o Pedro Pablo Castillo.

Más allá de todo eso hay que rescatar que salvadoreños, mestizos y criollos, decidieron a inicios del siglo diecinueve involucrarse en política. Personas de la ciudadanía, muchos incluso con formación religiosa, decidieron ir más allá de sus responsabilidades para el bien de todos. Y ese ejemplo debe permear entre la ciudadanía y ha estado permeando. En las elecciones pasadas de la primera a la segunda vuelta la participación ciudadana se incrementó en casi medio millón de personas.

Un documento de la Academia Salvadoreña de Historia "refleja en sus páginas que San Salvador fue catalogada insurrecta, porque fue la primera piedra militar combativa de la aventura centroamericana de construcción de los nuevos cinco países". El mismo director de la Academia dice que se gestó un movimiento independentista y José Matías Delgado fue la chispa del mismo. ¿Cómo logramos mantener vivo ese espíritu de defensa de la libertad, de nuestra Constitución, de nuestra Independencia?

Lo primero es tomar conciencia de los riesgos que ahora enfrentamos. El FMLN que luchó contra los regímenes militares ya no existe. La pasión por la libertad ha desaparecido. Algunos miembros de las facciones que lograron quedarse con la marca y la bandera están usando la democracia para destruirla. No son casualidades los ataques constantes a la Sala de lo Constitucional. A esta situación de riesgo de la república, se añadió al menos en la gestión pasada la persecución política como forma de ejercicio del poder.

Todo ello en un contexto donde los ciudadanos que han tenido más acceso a la educación y al desarrollo están cada vez más hartos de la política y de los políticos. Al mismo tiempo el gobierno incrementa el populismo con los sectores de la población más necesitados. Consistentemente los partidos políticos y la Asamblea Legislativa obtienen los menores índices de confianza de los ciudadanos con resultados de alrededor de 15%, mientras que las iglesias y la Fuerza Armada con números alrededor del 50%.

Es una bomba de tiempo y los ciudadanos debemos estar dispuestos a ensuciarnos un poco en el lodazal que actualmente existe para cambiar la forma de hacer política, buscando ahora el bien común, el interés nacional, la protección de las minorías, la racionalidad en el gasto y la prioridad en la inversión en el desarrollo humano de todos. Ya no debemos ver hacia el pasado. Debemos ver con esperanza hacia el futuro que vamos a construir.

Tenemos retos adicionales a los de hace 203 años. La población indígena fue prácticamente ignorada en todo el proceso de independencia y en muchas ocasiones posteriores incluso fue vejada. Ahora no hay solución si no nos involucramos todos y damos espacio para todos. Habrá nuevas personas en las papeletas electorales el año entrante. No es culpa de estos ciudadanos que la clase política de hoy haya perdido todo signo de credibilidad y prestigio. Obviamente no es cuestión personal, porque entre dicha clase hay personas valiosas.

Pero no es culpa de estos ciudadanos, cuyos rostros estarán por primera vez en la papeleta. De lo que sí los podemos hacer culpables es de su compromiso por dignificar la política como lo hiciera entonces José Matías Delgado. Hagamos del primero de marzo de 2015 una fecha histórica que sea recordada por nuestros descendientes. Construyamos nuestro segundo grito de independencia.

*Colaborador de El Diario de Hoy.