Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Presidente electo

Recuerdo durante la oleada democratizadora de mediados de los años Ochenta en Latinoamérica, haber leído que le preguntaron a un campesino boliviano que venía bajando de la sierra sobre el significado que para él tenía el término democracia. Imagino que para ofrecer su respuesta habrá pensado tanto en él como en los suyos, pues tras hacer pausa meditó unos segundos para responder: "Que no nos golpeen".

Mucha agua ha pasado bajo los puentes desde entonces y, salvo contadas excepciones donde hay nuevos tipos de gobiernos autoritarios, la democracia ha venido consolidándose en el Continente. Apropiados me han parecido, a este respecto, los mensajes del Presidente electo de la República, Salvador Sánchez Cerén, tras ser oficializado como tal durante la presente semana. ¿O es que puede estar alguien en desacuerdo a sentarse a dialogar con el fin de encontrar puntos en común que permitan sacar adelante al país?

Crecimiento económico es algo que planteó durante la campaña la fórmula ganadora, ahora presidente y vicepresidente electos. Pero además, descartó ayer Sánchez Cerén que vaya a seguir el modelo de Venezuela o de Cuba. Y ofreció al mismo tiempo incentivos empresariales, austeridad en el gasto público, combate a la corrupción, respeto a las libertades individuales, de expresión y de prensa, empresariales, de culto y asociación. Reafirmó también, en su primera entrevista como Presidente electo, que respetará la Constitución de la República.

Siendo evidente que una buena dosis de confianza y estabilidad es lo que requiere el país, estas no pueden obtenerse por decreto. Es necesario construirlas, obtenerlas y preservarlas, para beneficio de la mayoría de salvadoreños que lo que queremos es trabajar para sacar adelante a nuestras familias, en un entorno mucho más seguro que en el que en la actualidad vivimos, donde existan mayores oportunidades para más salvadoreños. Dadas las realidades de país existentes, es importante lo que se haga desde ahora, como lo que se deje de hacer.

Desconfianza, ciertamente que hay.

¿Cómo habría de ser en otra forma, dado el modelo sustentado por el partido oficial y ciertos accionares y discursos en sus filas? Pero también hay realidades y así como cayó estrepitosamente el socialismo real, así vemos desfallecer la versión recargada del Siglo XXI. Y si bien es seguro que habrá quienes todavía quisieran esa hoja de ruta, vivimos en un país presidencialista donde la Presidencia de la República tiene mucho poder, y lejos de buscar golpear a quienes pueda ver como sus naturales adversarios, el gobernante electo está extendiendo su mano.

Extendiendo su mano para explorar la posibilidad del entendimiento, digamos en lo esencial, para generar crecimiento económico. De lograr dejar atrás los años de depresión económica todos nos sentiremos mejor, posibilitando quizá un mayor grado de entendimiento donde las diferencias, que existen en toda sociedad, se conviertan en matices. Son los países que han logrado llegar a matizar sus diferencias los que han llegado o están por llegar al desarrollo.

Pienso que el Presidente electo, como lo hizo Nixon con China, puede lograr entendimientos con el tejido empresarial del país y con la oposición política, en aras del bienestar de El Salvador y la creación de un ambiente de concordia y trabajo. Hay crisis en el país, ciertamente, pero podemos y debemos sacarlo adelante. Lo sensato, lo mínimo que se puede hacer por el bien de nuestra Patria ante una mano extendida es extenderle la nuestra y trabajar en conjunto y dentro de lo que cabe, por hacer de El Salvador un mejor país para todos.

Ojalá sea así.

*Director Editorial de El Diario de Hoy.