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Presagios

El FMI ya advirtió que el aumento de las tasas va a llevar a quiebras en muchos países emergentes

La situación económica internacional está dando signos que presagian tiempos difíciles en el futuro inmediato.  El boom que siguió a la debacle de 2008 está desinflándose a una velocidad preocupante.  Ese boom surgió en los mercados de valores y en los productos primarios como consecuencia de la respuesta de los principales bancos centrales del mundo --la Fed de Estados Unidos, el Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón-- a dicha debacle, que a su vez tuvo lugar cuando se desinflaron las burbujas en los mercados de valores, los productos primarios y las viviendas en Estados Unidos, que a su vez habían surgido porque la Fed había creado enormes cantidades de dinero para salir de la crisis de 2000-2001.  

Es decir, esta es la tercera vez que esto pasa, mostrando la gran debilidad de la filosofía que ha dominado a dichos bancos centrales durante los últimos treinta años, que puede resumirse así: emita dinero para que la economía crezca más, y si viene una crisis, emita todavía más, y si la economía no se levanta, todavía más.  Las debilidades de esta política son enormes.  Una de ellas es que, en vez de crecer más, estos países y el mundo entero ha crecido menos que en las décadas anteriores.  Otra de esas debilidades es que además de crecer menos, las economías han caído en serias crisis, especialmente la del 2008 porque la creación masiva de dinero lleva a burbujas.  Una tercera debilidad es que la creación monetaria masiva eventualmente puede llevar a una crisis que combine inflación con recesión o depresión.  Y una cuarta es que, de tanto abusar de ella, la creación monetaria está volviéndose irrelevante para evitar el colapso de las burbujas.  

Esa irrelevancia se muestra claramente con el hecho que el gobierno actual de Japón decidió crear cantidades inéditas de yenes para lograr que el país, que no ha crecido casi nada desde hace veinticinco años, volviera a crecer.  A pesar de haber inundado de yenes el mercado, Japón tiene crecimiento negativo y el gobierno está a punto de declarar oficialmente que está en recesión (cuando el crecimiento negativo se mantiene por dos trimestres seguidos).  Los países emergentes, incluyendo a los BRICs, están en serias dificultades también.  

Pero hay signos en el resto del mundo también.  Primero, los precios de los productos primarios se han desplomado, y seguirán haciéndolo por un tiempo más.  Segundo, los precios de las acciones en los mercados más importantes están cayendo sustancialmente.  El índice FTSE 100 de la bolsa inglesa ha perdido en los últimos 6 meses lo que había ganado desde finales de 2012.  El S&P 500 de Estados Unidos ha perdido en los últimos tres meses lo que había ganado desde hace un año, igual que el FTEuroFirst de Europa y el NIKKEI 225 de Japón y el Shanghai Composite de China.  

¿Y cuál es el problema de que caigan los precios de las acciones en los mercados?  Que una gran parte del dinero invertido en ellas ha sido financiado por bancos, directamente o través de otros intermediarios.  Cuando las pérdidas son grandes, los dueños no las pueden absorber con sus propios fondos, de modo que una gran parte de ellas las tienen que absorber los bancos.
 
¿Le suena familiar?  Es lo que pasó en 2008.  Por supuesto, si las pérdidas son manejables, y los bancos se han preparado para ellas, puede evitarse un colapso como el del 2008.  Pero existe la posibilidad de que las pérdidas se vuelvan incontrolables, especialmente porque ahora los bancos centrales no podrán mantener bajas las tasas de interés porque han estado artificialmente bajas por demasiado tiempo.  La Fed ya ha dicho que va a subirlas.  El FMI ya advirtió que el aumento de las tasas va a llevar a quiebras en muchos países emergentes.  Pero la Fed no puede dejar pasar mucho tiempo sin subirlas porque si lo hace la inflación comenzará a complicar la situación.  Esto se llama estar entre una piedra y un lugar duro.
 
El gobierno debería de prepararse para la posibilidad de una crisis como esta, que sería peor que la del 2008.  Quizás no pase, pero es mejor prevenir que lamentar. 
 

*Máster en Economía,
Northwestern University.
Columnista de El Diario de Hoy.