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La prensa egipcia se pliega al poder, acá quieren lo mismo

La semana pasada el periodista Francisco Carrióne, corresponsal en El Cairo del periódico El Mundo de España, publicó una nota sobre el repliegue de la prensa egipcia; el primer párrafo dice textualmente: "Los editores de los principales periódicos egipcios, públicos y privados, han hecho piña para rendir pleitesía al poder. En un singular comunicado conjunto, la prensa se compromete a no criticar a las instituciones estatales profundizando las mordazas que padece el país más poblado del mundo árabe desde el golpe de Estado de julio de 2013".

En un segundo párrafo Carrióne cita el comunicado de los 17 rotativos egipcios, entre ellos el estatal Al Ahram (el diario de mayor tirada) o los periódicos privados Al Masri al Yum y Al Shuruk: "Afirmamos nuestro compromiso con la libertad de expresión pero reiteramos nuestro rechazo a los intentos de poner en duda las instituciones del Estado o insultar al ejército, la policía o la judicatura de un modo que refleje negativamente el desempeño de estos estamentos.

"La inusual confesión, una enmienda en toda regla a la prensa como contrapoder de las autoridades dice Carrióne, promete además no publicar información que apoye el terrorismo o socaven las instituciones del Estado directa o indirectamente".

En un primer momento no daba crédito a lo que reportaba el periódico español, aunque luego de revisar lo que está sucediendo en Egipto, la información de Carrióne, al parecer, se quedaba corta y ponía al descubierto la compleja situación de los Estados árabes en medio de lo antiguo y lo moderno, entre Oriente y Occidente, combinando el autoritarismo y la dinámica democrática, asediados por ideas fundamentalistas en medio del pensamiento liberal, un país que intenta mediar racionalmente en un polvorín que pareciera que todos los días revienta. Por si fuera poco, recién salidos de una, dos o tres revueltas que han puesto de cabeza esta nación que viene y va al son de los militares, pero también de civiles que no quieren a la milicia pero no pueden vivir sin ella.

Complejo, sumamente complejo, sin embargo no es mi interés entrar al tema ni de la prensa egipcia, ni a la situación de Egipto ni mucho menos al explosivo Oriente; mi interés está centrado en la eterna tentación del poder, pero no me refiero a Egipto, sino al poder en general y, en particular al poder en El Salvador ,ahora en manos del partido de izquierda, FMLN, de poner a su servicio a los periodistas y terminar con el carácter crítico y fiscalizador de la prensa.

Es contradictorio esto, porque una de las demandas y bandera de los efemelenistas, cuando estaban en guerra, cuando estaban en la oposición, cuando aún no habían asumido el poder, es la libertad de expresión; todo lo contrario ahora, y no sólo es el caso de El Salvador sino también en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua, cuando intentan poner a su servicio a la prensa independiente y cortarle las alas, para impedirle desarrollar un periodismo crítico y creativo que desmenuce el poder, informe sobre la gestión gubernamental y ponga un control sobre las gestiones oficiales, como también lo hacen las instancias ciudadanas, no sólo para el correcto uso de los instrumentos del Estado, sino además para que estos sean eficientes y ayuden decididamente a resolver los grandes problemas del país.

Ahora que el gobierno del "cambio" pareciera empezar a entender que los beneficios sociales pasan por el crecimiento económico y que el crecimiento económico requiere consensos, seguridad, buena voluntad que luego propicia la inversión, inversión que genera trabajo y una economía sólida. Esta es la dinámica económica, pero junto a ello, está enfrentar la seguridad y lograr no sólo crear un ambiente de seguridad para los ciudadanos, sino también para los inversionistas, lo cual implica enfrentar decididamente los asesinatos y extorsiones, entre otros delitos, llevados a cabo por el creciente fenómeno de las maras que parece no detenerse.

En este ámbito la gran tentación es "convertir" a la prensa y a los periodistas, en una máquina que justifique lo que se hace, que no dé cuenta de los problemas y hasta que "baje" la intensidad informativa en torno a las deficiencias gubernamentales o deje de informar sobre la ola criminal, tal como lo hacen los llamados medios públicos, léase los medios oficiales, sean estos privados o públicos como lo son la radio y la televisión estatales.

El intentar cerrar el flujo informativo y querer que los medios independientes del poder y de la izquierda, se sumen a las voces oficiales y que cierren filas y se "comprometan a no criticar a las instituciones estatales profundizando las mordazas", como ocurre en Egipto, es un gran error que puede costarle muy caro al país, como ocurrió en España, hace unos años, cuando se "ocultó" el tremendo remezón económico que se veía venir, o cuando en El Salvador no se fue lo suficientemente claro y contundente para denunciar la corrupción. El tema es sumamente complejo.

* Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com