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La potencia del prometido diálogo

Las noticias sobre la situación del país se van volviendo cada vez peores en todas las dimensiones de la vida. El crimen sigue en niveles tan altos que establecen récords mundiales; la economía está estancada y parece estar ya a punto de empezar a decrecer; el presupuesto no alcanza para mejorar nada a pesar de que los ingresos por impuestos aumentaron muy sustancialmente en la década pasada; la incompetencia se riega en los servicios públicos; el dengue y la "chik" asuelan al país, mientras que no hacen nada en países vecinos; el transporte es cada vez más desastroso; el gobierno está demostrando que no puede manejar ni las cosas más sencillas, como una campaña de vacunación contra la influenza y de fumigación contra el dengue y la "chik", o la construcción de unas cuantas estaciones de autobuses…

Pero, no se preocupen. El gobierno tiene una respuesta. Está dispuesto al diálogo. No sólo lo está ahora. Lo ha estado siempre, desde que entró en este junio, y hasta desde que el FMLN entró en junio de 2009, muy dispuesto. Por eso, hay mucha gente que ha vivido ilusionada con el diálogo por muchos años.

Las ilusiones que las promesas periódicas de abrirse al diálogo generan en mucha gente a pesar del número y magnitud de las catástrofes armadas por el gobierno es una muestra de las abismalmente bajas expectativas que tiene el pueblo salvadoreño, incluso en sus niveles más altos, con respecto a la democracia y a sus derechos como ciudadano. La expresión: "Todo es un desastre…pero hay que darle un chance al gobierno, está abierto al diálogo", recuerda las actitudes serviles hacia los monarcas absolutos que existían hace siglos en todo el mundo y que hoy en Latino América sólo existen en algunos regímenes hereditarios como Cuba y Venezuela. El señor es el que manda, él puede hacer lo que quiera porque a él le dio el poder Dios, o la Revolución, o el Partido, y, sí, es cierto que todo lo hace mal, y que vive parasíticamente de nosotros, pero está dispuesto a escucharnos, está dispuesto al diálogo.

La misma palabra diálogo evidencia la presencia de estas actitudes en las personas que se ilusionan por dialogar. Deja claro que lo que el gobierno ofrece es un intercambio de opiniones sin ningún impacto sobre sus actos. No es un debate, no es una negociación. Wikipedia define de la manera siguiente lo que el gobierno ofrece:

"El diálogo es una forma oral o escrita en la que se comunican dos o más personajes en un intercambio de información. También se usa como la tipología textual en la lingüística y en la literatura cuando aparecen dos o más personajes al usar el discurso diegético, llamados interlocutores. Razón por la cual constituye la forma literaria propia del mismo género (dramático), asimismo, se divide en parlamentos o (retórica) peroraciones entre personajes que se dirigen mutuamente la palabra.

"Un diálogo puede consistir desde una amable conversación hasta una acalorada discusión sostenida entre los interlocutores; empleado en géneros literarios como la novela, el cuento, la fábula, el teatro o la poesía. En una obra literaria, un buen diálogo permite definir el carácter de los personajes: la palabra revela intenciones y estados de ánimo, en definitiva, lo que no se puede ver, por consiguiente en ello radica su importancia. Esta modalidad exige un gran esfuerzo de creación, ya que obliga a penetrar en el pensamiento del personaje, como en el caso de Edipo rey de Sófocles".

Por eso, cuando se oye que una persona se entusiasma porque el gobierno está abierto al diálogo, uno no sólo piensa que tiene expectativas muy bajas, y una autoestima bajísima, sino también que tiene pocas oportunidades para leer cuentos, fábulas y poesías o para atender al teatro, ya que eso es lo único que el gobierno puede montar cuando ofrece un diálogo. La persona que busca esto en los funcionarios del gobierno tiene que estar desesperada, ya que hay personas que saben mucho más que ellos sobre estos temas literarios…como de tantos otros temas…todos, quizás.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.