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¿Post capitalismo?

Los esfuerzos de políticos, ideólogos e intelectuales que intentaban sustituir el modelo capitalista, ya no van más. De lo que ahora se trata es de corregirlo, no de cambiarlo por otro

Entre los analistas hay actualmente una seria preocupación acerca del futuro del capitalismo porque, de seguir las cosas como están, aseguran que el auto sostenimiento del maridaje política-economía en clave capitalista, tiene sus días contados. El capitalismo como lo conocemos, dicen, no es sostenible. 

El sistema en un Estado-economía capitalista, engendra problemas tales como la ampliación de la brecha entre los que tienen todo y los que no poseen nada, el maltrato al medio ambiente en los países pobremente desarrollados, demandantes patrones de consumo, fuga de talentos de los países pobres a los ricos, emigración, etc. Situaciones que hacen reaccionar no solo a políticos e intelectuales de izquierda, sino también a conservadores y liberales.
 
Sin embargo, los tiempos de “capitalismo versus socialismo” han quedado atrás, solo sobreviven en sociedades intelectualmente atrasadas, manipuladas, o económicamente estancadas. De hecho, el discurso de disyuntivas --que nace en la polarización y se alimenta de ella--, está desapareciendo en un mundo ampliamente comunicado, en el que las ideas fluyen a pesar de censuras de prensa, intentos de manipulación de la opinión pública, o sueños de poder hegemónico.
 
Los esfuerzos de políticos, ideólogos e intelectuales que intentaban sustituir el modelo capitalista, ya no van más. De lo que ahora se trata es de corregirlo, no de cambiarlo por otro. Puntos clave del debate son el rol del Estado, la responsabilidad de la sociedad civil en el cambio, los mecanismos necesarios para establecer un sistema globalizado de pesos y contra pesos, el papel de la innovación tecnológica, etc. 

Hablamos, para resumir, de apuntarse a un capitalismo 2.0, en el que el papel protagonista de los individuos, por encima del de la sociedad, es siempre y cada vez más tomado en cuenta. A esto ha contribuido, y no poco, el empoderamiento que los ciudadanos han tenido por los nuevos cauces de la información, la posibilidad de estar enterado en tiempo real de lo que está pasando en cualquier lugar del mundo, la oportunidad de fiscalizar las actuaciones de los políticos y protagonistas sociales, etc. 

Hay consenso en que la política intervencionista funciona en el corto plazo, solo para paliar los efectos de las crisis, y en que no es suficiente para velar por las necesidades de los trabajadores, los pensionistas, los más pobres, ni las del medioambiente. 

Lo actual es la economía colaborativa, posibilitada por una sociedad hiperconectada. De tal manera que el capitalismo clásico vendría a encontrar el instrumento para la salida de sus problemas, en una de sus más preciadas consecuencias: la tecnología. 

El avance tecnológico ha hecho posible el surgimiento de nuevas actitudes sociales, más generosas, más solidarias, menos jerárquicas, más colaborativas. Ha abierto nichos importantes de mercado, posibilitado formas de ganarse la vida que antes no eran imaginables, nueva maneras de trabajar cada vez más ajenas al capital y a la lógica del mercado, a la formación de precios, la asignación de salarios, al derecho a la propiedad y tantos pilares en los que estaba asentada la manera tradicional de hacer negocios.

En las corporaciones se descentralizan las decisiones, se opera en red, las jerarquías pierden sentido y toma su lugar la creatividad. No hay duda de que ya estamos en lo que se vislumbraba como posible hace tan solo unos treinta años: el intercambio de información prima sobre el de las mercancías.

Sin embargo, pregonar sin matices el fin del capitalismo como lo hemos conocido, no deja de ser ni prematuro ni atrevido, por mucho que los ritmos de los cambios se aceleren. En esta etapa de transición, queda todavía por ver el papel del mercado, del Estado, de las ideologías, la cultura, y un largo etc., que engloba cosas que van más allá del sistema ideológico-político-económico. 


*Columnista de El Diario de Hoy.
@carlosmayorare