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¿Por qué votamos a un candidato?

Es una pregunta que admite distintas respuestas y varía según la región del mundo que analicemos. En Latinoamérica, parece que muchas personas votan a un determinado candidato porque tienen miedo que el del otro partido cambie el sistema político en el que viven, aunque cada vez es más evidente que ningún candidato cambiará la democracia, sin embargo, existen distintas concepciones de democracia; no me podrán negar que entre lo que entiende Nicolás Maduro y Enrique Peña Nieto por democracia hay un abismo de diferencia. En resumen, el miedo es un poderoso motivo para votar por alguien.

En Europa, parece que la situación es distinta. En la mayor parte de países hay certeza de que ningún candidato intentará replicar experimentos fallidos del pasado y, por tanto, la diferencia entre los candidatos no es radical, sino de matices, aunque estos pueden ser muy radicales. Me interesa hablar de España, por ejemplo, la idea que tienen Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, nuevo secretario general del PSOE, sobre el Estado del bienestar puede ser parecida, pero hay distintos matices a la hora de aplicarla. Por ejemplo, ¿de cuánto será el subsidio para los desempleados?

Este es uno de los muchos matices que distinguen al PP del PSOE, hay unos más importantes que otros. En mi opinión, el más importante tiene que ver con los derechos de la mujer y del no nacido. En este tema, ambos partidos coincidían en que su intención siempre fue buscar el bienestar de la mujer. El PSOE consideraba que parte del bienestar de la mujer provenía de garantizarle el derecho al aborto dentro del sistema de salud público y el no nacido no tenía ningún tipo de derechos hasta que abandonara el vientre de su madre. En cambio, parecía que el PP sí creía que el no nacido tenía derechos y que la mejor manera de buscar el bienestar de la mujer era protegiendo a la madre y a su hijo. Por tanto, el PP prometía que si ganaba las elecciones iba a reformar la ley del aborto de los socialistas y, sorpresa, ganó.

Sin embargo, el PP no ha cumplido su promesa y no la cumplirá porque acaba de retirar el proyecto de reforma a la ley del aborto. El presidente Mariano Rajoy considera que no hay consenso sobre el tema y prefiere no arriesgarse a aprobar una reforma "impopular". Grave error, muchas personas votan a un candidato porque tiene principios y propuestas para gobernar, no porque gobierne según lo que le manden las encuestas. Por tanto, el presidente Rajoy ha demostrado que sus convicciones no son firmes, y les preguntó: ¿quién confía en alguien sin principios y, peor aún, que engaña a los votantes que le otorgaron una mayoría absoluta?

Los socialistas tienen y siempre han tenido una postura firme sobre este tema y, es por eso, que atraen a muchos votantes que se identifican con sus principios. Parecía que el Partido Popular también la tenía, y por eso atraía a mucho de su voto duro, pero ya vemos que no. El presidente español ha cometido el grave error de creer que lograría atraer a más personas de la izquierda a que voten por él y que sus votantes olvidarían la traición porque no hay otra opción mejor que él, pero creo que se equivocó. Ha puesto en su contra a los votantes socialistas, que siempre lo han estado, y a los de su propio partido. Nadie confía, ni en España ni en ninguna parte del mundo, en alguien que traiciona a sus propios votantes porque las encuestas le dicen que su medida es impopular.

El que gobierna según las encuestas está perdido. Un día traicionará a unos y otro día a otros. Las personas buscan apoyar a alguien que tenga ideas y valores con los que se puedan identificar, aunque estos estén equivocados. En fin, el señor Rajoy ha cometido un grave error y creo que lo pagará caro en las elecciones de 2015.

*Colaborador de El Diario de Hoy