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¿Y por qué, pues?

Paseando y viendo los escaparates de las tiendas y muchos turistas andando tranquilamente por la avenida peatonal de Guatemala de casi un kilómetro, desde la Plaza del Palacio Nacional y recordando la calle peatonal desde del teatro de Bellas Artes hasta el Zócalo en México, o bien, en Bogotá, la avenida desde el hotel Tequendama hasta la Plaza de Armas y el bulevar del Obispo desde la Plaza Vieja hasta la avenida donde está el Capitolio en La Habana, el centro histórico de cualquier otra ciudad latinoamericana o europea, con elegantes tiendas y zonas peatonales, me pregunto, por qué en San Salvador continúa siendo el centro, el área más desordenada de la ciudad.

Cuando veo cómo una calle de tres carriles la convierten las ventas informales en un embudo de apenas tres metros y medio de ancho, frente al parque Hula Hula y nadie controlando el tráfico, se siente la falta de previsión y colaboración entre las autoridades municipales y la comunidad de vendedores para reordenar. Me imagino que tendríamos un centro histórico muy bonito si ordenadamente se va convirtiendo en zonas peatonales.

En segundo lugar, viendo las noticias de primera plana este jueves en Guatemala que tienen diecisiete casos de Chikunguña y en Honduras y Nicaragua, también muy pocos, me pregunto, por qué en El Salvador tenemos tantos miles de enfermos, que se terminó el acetaminofén. En broma me respondió alguien, que se debe a que los salvadoreños tenemos la sangre más dulce y por eso los zancudos prefirieron afincarse en nuestro país. En realidad, parece otro caso de descuido y falta de previsión en el que se creyó que el problema se resolvería por si solo y no se reconoció a tiempo la gravedad.

El tercer ¿por qué?, es la insistencia de la Asamblea y el Gobierno de aplicar nuevos impuestos que nadie asume como lógicos, suficientes, justos, necesarios y ni siquiera legales, pues ya hay demanda aceptada de la posible inconstitucionalidad. Parece una línea dictatorial como las salidas del Gobierno anterior declarando que "les guste o no les guste", el bulevar más caro del mundo por metro cuadrado, se le renombró como monseñor Romero.

Y el cuatro por qué, es que siendo más lógico en estos momentos aplicar la regla de cualquier ama de casa o empresario, que cuando los ingresos bajan se reducen los gastos, los políticos y el Gobierno lo que hacen es incrementarlos. Basta el nuevo presupuesto de la Asamblea y lo que despilfarran en sus fiestas.

Pues sí, sin duda, somos el país del desorden y las contradicciones, y lo peor, no se ven intenciones de cambiar el rumbo.

*Ingeniero.

Columnista de El Diario de Hoy.