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¿Por qué no el dracma?

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Y a usted no le suena raro que, habiendo tantos que dicen que es mejor tener una moneda propia que usar una moneda externa, no haya nadie entre todos los economistas y las instituciones envueltas en el problema de Grecia (incluyendo al gobierno marxista de ese país), que diga que seria bueno que Grecia se salga del euro y viva feliz con sus dracmas? Según los abogados de los pesos y los dracmas, Grecia podría recapitalizar sus bancos, bajar sus tasas de interés, generar créditos para que la economía invierta y aumentar sus exportaciones con solo poner la imprenta de dinero a trabajar. Pero nadie serio está recomendando eso. Al contrario, ven la salida del euro como la peor tragedia que le puede pasar a Grecia.

Entendamos por qué viendo el caso de la crisis bancaria, que es el problema más urgente a resolver. Los bancos están al borde de la quiebra, no porque hayan dado malos créditos sino porque el público ha estado retirando sus depósitos a una tasa de cinco mil millones de euros por mes desde que el gobierno de Tsipras subió al poder. Los bancos, por supuesto, no mantienen todos los depósitos en efectivo sino que lo prestan para que la gente invierta, haga sus casas, compre carros, etc. Como no pueden cobrar todos esos créditos de un solo, los bancos no aguantan una salida tan grande de efectivo. Ya solo les quedan mil millones de euros de liquidez. Por eso han tenido que cerrar los bancos. Para que la gente no pueda sacar sus depósitos y quebrar a los bancos.

¡Qué tontos!, dirían muchos, ¿y por qué no convierten todo a dracmas e imprimen todos los que sean necesarios para pagar hasta el último centavo de los depósitos bancarios?

Porque es precisamente por el miedo de eso que los griegos están sacando los euros de los bancos, para tenerlos en la mano o para depositarlos en bancos extranjeros, evitando así que el gobierno se los convierta en dracmas. Convertir los depósitos a dracmas sería tonto porque la gente lo que quiere es euros, no dracmas, y si le dan dracmas, los usará para comprar euros en el mercado. Eso haría que el dracma se devaluara, causando más demanda por euros, en un circulo vicioso como el que vivió, por ejemplo, Ecuador hasta que lo dolarizaron.

Esto no relajaría la austeridad de la que se quejan tanto los griegos. Al contrario, con una moneda devaluándose, todo lo importado y lo denominado en euros, como las deudas, se volvería más caro. La deuda actual equivale al 175 por ciento del PIB. Bastaría que el dracma se devaluara a la mitad (lo cual no es nada en una crisis) para que la deuda subiera a 350 por ciento del PIB. Como los dracmas emitidos por el Banco Central de Grecia no servirían para pagar ni estas deudas ni las importaciones más esenciales, para pagar por ellas el Banco Central tendría que competir con el sector privado por los escasos euros que quedarían en una Grecia asolada por la fuga de capitales.

Para competir, el Banco Central tendría que reducir la creación de dracmas para que el sector privado tuviera menos dracmas para comprar euros. Al mismo tiempo, tendría que subir drásticamente las tasas de interés para lograr que la gente prefiriera depositar en dracmas en Grecia que en euros en Alemania. Con menos crédito y tasas de interés más altas la inversión en vez de aumentar disminuiría. El gobierno también tendría que disminuir su déficit, subiendo impuestos y bajando gastos. Es decir, en vez de disminuir la austeridad por tener una moneda propia, el gobierno tendría que aumentarla, ahogando la economía.

Por eso, y porque tampoco las otras supuestas ventajas de la moneda propia son realistas, es que ningún economista con responsabilidad en la solución del problema está diciendo que qué alegre que Grecia puede regresar al dracma. Por eso, también, es que Europa está comenzando a hablar de ayuda humanitaria a Grecia si es que se sale del euro. Los mismos griegos saben que la maquinita de hacer dinero los llevaría al desastre.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.