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¿Por qué se complican los proyectos hospitalarios?

En El Salvador es sumamente raro que un proyecto de infraestructura hospitalaria finalice con normalidad, se entregue en los tiempos estipulados y cumplan a cabalidad los términos de referencia. Casi todos se emprobleman, si no en las primeras de cambio, lo hacen en la recta final cuando se concentran todas las dificultades. Menudean las dudas y las aclaraciones, la peticiones de información, las informaciones fragmentarias, los cambios de técnicos, las suspensiones, las multas, tratos directos, arbitrajes, justificaciones, atrasos y más atrasos.

Las causas son múltiples, citaré solamente algunas de las más frecuentes: Al propietario es decir la institución que saca a licitación una obra, a menudo se le señala una burocracia excesiva, papeleos interminables, kilométricas negociaciones, aburridos trámites relacionados con la contratación, reuniones y el tradicional retardo en la aprobación de los productos. Es costumbre que el equipo institucional que prepara los documentos técnicos incurra en omisiones, cálculos erráticos, lenguaje ambiguo, olvidos y confusión de conceptos médicos y tecnológicos.

Al contratista o empresa que gana la licitación comúnmente se le señala inexperiencia, es realmente sorprendente cómo ciertas empresas con mínima experiencia se embarcan en grandes proyectos hospitalarios y después no hayan qué hacer. Si bien las hay serias y honestas que cumplen lo que ofrecen, hay otras que utilizan figurones únicamente para apantallar porque a la postre los que hacen el trabajo son profesionales recién graduados. Otras rellenan la oferta con parientes que no trabajan o con expertos que laboran un par de horas al mes, lo que naturalmente genera debilidades e inconsistencias.

Algunos contratistas pagan sueldos con regularidad a los profesionales que trabajan en el proyecto pero otros no lo hacen, causando con ello desmotivación y el consabido círculo vicioso. Los primeros no pagan porque alegan que no reciben los productos y los segundos no entregan planos ni documentos técnicos porque no les pagan y es la de nunca terminar. Lo habitual es subestimar al profesional especializado o "cutarrear" sus intervenciones con el propósito de pagarle menos.

Señalamientos similares se le hacen a la supervisión en lo relacionado con el "staff" o nómina que ofertan aunque se agregan otras causas no menos importantes. Los contratistas o empresas supervisadas, es decir aquellas que están desarrollando el trabajo, habitualmente se quejan de la burocracia de la supervisión, del exagerado papeleo y las múltiples reuniones improductivas, algunas de muchas horas de duración. Se quejan inclusive de presiones y exigencias innecesarias que solamente retrasan las entregas cuando en realidad deberían de dedicarse a ser facilitadores y trabajar en equipo.

Repercuten negativamente también las peticiones extemporáneas de cambios que debieron hacerse dos etapas atrás, las observaciones fuera de tiempo, el olvido de políticas institucionales de funcionamiento en los términos de referencia y que a última hora desean incorporar, el surgimiento de nuevas instancias de aprobación por cierto no contempladas en la base contractual.

El estira y encoge en relación con ciertas áreas entre contratista, supervisión y propietario puede consumir meses e incluso años sin que se llegue a ningún acuerdo. Por supuesto que existen otras causas aparentemente intrascendentes como es el caso de la personalidad especial de algunos participantes que no admiten opiniones diferentes y adoptan posiciones obcecadas que obstaculizan el trabajo en equipo.

*Dr. en Medicina.

Colaborador de El Diario de Hoy.