Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Por los niños

El pasado domingo 11 de mayo conocí a Mauricio G. Intercambié con él unas breves palabras y también conversé un poco con sus padres. Mauricio es un niño de 11 años que recientemente finalizó su tratamiento por un Meduloblastoma. Se ve bien, y debe estar bastante repuesto del tratamiento pues cuando lo conocí acababa de terminar una carrera de dos kilómetros.

Fue en la carrera organizada por la Fundación Ayúdame a Vivir. Participaron cientos de atletas, quienes, además de satisfacer su pasión por correr, llegaron para apoyar a esta valiosa fundación. Corredores de diversos niveles de capacidad (hubo pruebas de 2, 5 y 10 kilómetros) se dieron cita en La Gran Vía para este doble fin. Además de la emoción misma de la competencia, un momento especial fue cuando los organizadores presentaron a Mauricio.

El Meduloblastoma es un tumor intracraneal de células embrionarias. Afecta principalmente a niños y es el cáncer más común en poblaciones infantiles. El tratamiento consiste en resección quirúrgica del tumor, seguido de radioterapia y quimioterapia.

Mauricio pasó ya por todo eso. Al final de la carrera estaba sudoroso y lucía tranquilo y feliz, lo que me hizo admirar su actitud y valor. Después de sus primeras palabras se invitó al estrado a sus acompañantes al evento. Eran sus compañeros de colegio que habían llegado en grupo para correr con él y mostrarle su solidaridad. Le aplaudieron y abrazaron. En este punto la emoción le ganó y sus ojos se llenaron de lágrimas (lo que pasó también a muchos de los que estábamos presentes). Varias veces tuvo que enjugarse las lágrimas. Me imagino que había en él una mezcla de recuerdos de las duras experiencias pasadas y de agradecimiento.

El día anterior había sido el "Día de la Madre". Y la mamá de Mauricio recibió también su homenaje. Se acercó a la tarima y Mauricio se hincó y tomó entre sus brazos la cabeza de su madre. Estuvieron abrazados por largo rato. Como espectador de esta conmovedora escena imaginé toda la angustia por la que debe haber pasado esta madre, las noches sin dormir junto a la cama de Mauricio, las innumerables plegarias que elevo al cielo. Si una madre merecía que le celebraran su día era ésta. Tener un hijo con cáncer es una de las pruebas más duras que la vida puede dar. Todos los demás problemas se vuelven nada comparado con eso.

Tomé unas fotografías que guardaré como algo muy especial. Me recordarán lo agradecido que debo estar por tantas cosas.

También me harán ver la bendición de que existan médicos y enfermeras que trabajen con estos niños. Dios les ha dado el don de tener el corazón y el temple de trabajar en un área que para muchos resultaría insoportable. Y agradecer que existan personas como las de la Fundación que desinteresadamente se rebuscan hasta lo infinito para que los niños con cáncer tengan el mejor tratamiento posible.

Existen muchos otros niños como Mauricio, muchos otros padres que están pasando por esta difícil situación. La Fundación les ayuda a todos. Sus miembros podrían haber escogido emplear su tiempo en otra cosa, pero escogieron ayudar a niños con cáncer y a sus familiares. Es una tarea dura y descorazonadora pero --cosa curiosa-- son personas muy optimistas y trabajan con el lema de que el cáncer es curable. Sin duda Dios les ayuda también a ellos.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.