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Por los héroes de azul

Los riesgos que corren los policías y sus familias como consecuencia de proteger a los salvadoreños no son congruentes con los bajos sueldos que reciben y las inhumanas condiciones en las que trabajan.

Experimentar de primera mano la dinámica diaria de los cuerpos de policía es un privilegio codiciado por  quienes se especializan en el estudio de la labor policial. Estar inmerso en el día a día de las instituciones permite encontrar el engranaje o contraste entre premisas teóricas y realidades prácticas, reduciendo así las probabilidades de desarrollar o utilizar esquemas analíticos basados en conceptos abstractos equivocados, desconectados de las circunstancias y mecánicas que operan en el mundo real. Existe, sin embargo, un nivel aún más profundo de acceso anhelado por criminólogos que solamente se logra penetrando la coraza que restringe el acceso a la subcultura comúnmente desarrollada entre policías, responsable de la generación de expectativas y estándares de comportamiento. 

A través de los años, he tenido la suerte de trabajar de cerca con agencias de policía en El Salvador y el extranjero, pero, además, he tenido la bendición de establecer amistades genuinas e importantes con policías de todos los niveles. Guardo especial estima por las mujeres y hombres que visten el uniforme azul por dejarme entrar a su mundo. Esas conversaciones informales, sinceras y desinteresadas, que han sido verdaderos intercambios entre alguien quiere entender y otro que está dispuesto a explicar, son unos de mis más preciados tesoros.

Recuerdo que hace más de una década, por ejemplo, tomando café para combatir el inclemente frío de uno de esos crueles inviernos que suelen golpear al medio oeste estadounidense, tuvimos una de esas pláticas interesantes con Allan, un detective de la policía de Indianápolis con el que trabajé, mientras vigilaba la puerta de la casa de un testigo para darle seguimiento a una entrevista. Discutíamos temas relacionados a la administración de personal policial. Específicamente, me relataba cómo los policías lograron que a los elementos que desarrollaban tareas de patrullaje o investigaciones, se les asignara un vehículo institucional las 24 horas del día, el cual podían llevarse a sus casas. Según Allan, esto evitaba que la Policía utilizara los automóviles todo el día, compartiéndolo entre diferentes turnos, y, por lo tanto, impedía que se deterioran rápidamente. Al contrario, de acuerdo a Allan, hacer a policías específicos responsables de un carro, propiciaba que éstos los cuidarán más y, por lo tanto, que el Departamento de Policía no se viera obligado a renovar la flota vehicular con tanta frecuencia.
 
Allan me explicó que los policías de Indianápolis consiguieron ese beneficio de una forma muy creativa. Durante los ochenta, los policías de la ciudad tenían prohibiciones legales para organizarse y hacer manifestaciones, por lo que idearon una manera de demostrar su malestar sin violar las normas que los inhibían: estacionaron todos los patrullas en un famoso redondel en el centro de la ciudad, encendieron las sirenas y balizas, cerraron los vehículos con llave y colocaron todas las llaves en una sola montaña al centro del redondel. Las autoridades municipales tardaron varias horas en apagar todos los carros patrulla. Técnicamente, los policías no podían ser sancionados, pero lograron ubicarse en una posición fuerte para negociar y lograr su objetivo.

La marcha de policías desarrollada en El Salvador hace unas semanas y el movimiento encabezado por el agente Marvin Reyes, luchan por causas justas. Los riesgos que corren los policías y sus familias como consecuencia de proteger a los salvadoreños, no son congruentes con los bajos sueldos que reciben y las inhumanas condiciones en las que trabajan. Estoy seguro que así como en Indianápolis y muchas otras ciudades alrededor del mundo que policías han ideado formas de evadir restricciones legales para manifestarse, los policías salvadoreños encontraran maneras creativas para fortalecer su posición. El gobierno y los funcionarios de seguridad, por lo tanto, deben de abordar el problema de forma inteligente y decidida, dejando a un lado las actitudes prepotentes y persecuciones disciplinarias, y, adicionalmente, eliminar la desconexión que existe entre mandos superiores de escritorio y personal básico del terreno. 
 

*Criminólogo
@cponce_sv