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Por honor, por dinero o por amor

Leí esta semana que según pensaba el emperador Napoleón Bonaparte la gente hacía las cosas motivadas por tres razones: El honor, el dinero o el amor.

Suponiendo estos tres filtros para analizar lo que yo hago cotidianamente en mis rutinas ligadas a mi trabajo y convivencia con las personas de mi entorno personal y profesional, las que hago con una determinada frecuencia como escribir este artículo, y otras extraordinarias, porque son necesarias o tengo deseos de hacerlas, creo que el general Bonaparte sigue teniendo razón.

No tengo muy claro qué sucede en el ámbito político, con la de tantos actos de pequeña, mediana, grande y muy grande corrupción, donde quienes las cometieron y están cometiendo, su priorización no tiene nada qué ver ni con el honor, ni con el amor, sino exclusivamente con el dinero y anteponen sus intereses frente a la falta de cobertura de las necesidades básicas de la población.

Pero volviendo al porqué hacemos las cosas, creo que la mayor parte es por honor, pues se trata de cumplir rutinas o procesos relacionados con hacer bien y responsablemente nuestro trabajo y la responsabilidad se ejerce más por honor, que por amor y por dinero.

Por amor hacemos y accedemos a las cosas con las que no estamos del todo de acuerdo y nos las solicitan la gente de nuestro entorno que nos quiere y queremos. Pero también, para el caso de escribir este artículo, al margen de la responsabilidad contraída con el periódico, lo hago por amor a la oportunidad de expresar lo que pienso sobre determinados asuntos, como el que trato hoy.

De los que trabajan sólo por dinero, la experiencia me ha enseñado que se esfuerzan por hacer lo mínimo para que no les llamen la atención. ¡Así está bien, para lo que me pagan hasta mucho hago! Es una expresión típica del que solo trabaja por dinero. O bien en otro contexto: según la comisión así la dedicación. ¿Y qué sería lo aconsejable para sentirnos mejor con nosotros mismos? Pienso que hacer las cosas por honor nos debiera hacer más responsables al hacerlas, con el dinero ser más austeros en su manejo, sobre todo cuando cuesta ganarlo, y lo más importante, aprender a amar nuestro trabajo para entenderlo, más como una bendición que como una obligación.

Y en el ámbito político se debiera examinar a los políticos y exigirles priorizar el honor y el amor frente al pueblo que los ha elegido, ejerciendo honorablemente el cometido y recibiendo exclusivamente el salario ligado al cargo, sin ningún tipo de abuso de los que vemos todos los días.

*Ingeniero.

Columnista de El Diario de Hoy.

www.pedroroque.net