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El populismo de la falta de prioridades

Identificar el populismo que carcome el progreso en Latino América en los actos políticos de nuestros gobernantes y candidatos políticos, no es demasiado difícil. La politóloga guatemalteca Gloria Álvarez se ha dedicado desde hace algunos meses a hacer giras por la región para levantar conciencia de los riesgos del populismo, al que califica de "mecanismo de manipulación" que se usa con el fin de conseguir votos y afianzar el poder a cambio de promesas que insostenibles al largo plazo, explotando las necesidades de la población.

Este populismo que explota las necesidades materiales de la población es fácil de identificar: se ve en cada campaña política en forma de regalías que si bien ni aliviarán ni resolverán las necesidades y carencias de la población, aprovechan su existencia para intercambiar escobas o delantales con el nombre del candidato por votos. También se ve en los aparatos legislativos con propuestas de legislación innecesaria, a menudo derechos abstractos en los que no se especifica quién efectivamente otorgará o cómo, cosas como "el buen vivir", o "la justicia alimentaria".

Sin embargo, otro populismo bastante presente, es el de la falta de prioridades. Este se da cuando con el fin de lograr victorias políticas fáciles, los políticos explotan otros rasgos de la población —por ejemplo, sus creencias religiosas—, inventándose problemas donde no existen y calificando de urgentes situaciones que no lo son. Esto último, el economista Manuel Enrique Hinds lo calificó acertadamente en una columna como el equivalente a "ordenar las sillas en el Titanic".

Caso que ejemplifica lo anterior: mientras el barco se hunde en El Salvador con el aumento de la inseguridad que comienza a cobrar 16 víctimas mensuales, las bancadas de los partidos de derecha decidieron unirse para pasar de manera unánime una reforma constitucional para limitar el matrimonio a parejas constituidas por un hombre y una mujer así nacidos. Muchos no lo ven así, pero semejante reforma, sin discusión alguna y con la dispensa de trámite que la derecha tanto ha criticado en el pasado —con toda razón— también es populismo. Igual de dañino y tóxico que el populismo material, este tipo de populismo trata de explotar las creencias religiosas de un sector importante de la población para "resolver" de manera urgente, un problema que no es problema.

Necesidad urgente de una reforma constitucional en lo que al matrimonio entre parejas del mismo sexo respecta, no hay: ningún mecanismo en la legislación salvadoreña lo permite por el momento y los grupos que lo exigen no han logrado encontrar demasiados aliados dentro de los partidos políticos que vocalmente avancen su causa a través de propuestas legislativas. Por suerte, nuestra Constitución prevé este tipo de arranques populistas e incluye dentro de su mecanismo de reforma un freno de mano, pues hace falta que otra legislatura ratifique la propuesta. No debería extrañar a nadie que la propuesta no logre los votos necesarios en la próxima legislatura, lo que demuestra lo vacío y populista del "gesto" de la derecha unida. Y no debería, puesto que las prioridades de la próxima legislatura, si quieren evitar que se hunda el barco, deberían ser garantizar el desarrollo social, reducir la inseguridad, hacer las reformas necesarias para fortalecer el Estado de Derecho, y no contribuir al aumento del populismo en la región.

* Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg