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¿Populismo o desarrollo?

En El Salvador más del treinta por ciento de la población vive en pobreza relativa o en pobreza extrema, un indicador claro que refleja las condiciones del país. Esta realidad nacional hace que parte importante de la estrategia de campaña del partido de gobierno sea comunicar todo tipo de ofrecimientos populares, tratando de hacer creer a la población que con estas ofertas se solucionarán todos los problemas. El gran pero de esto y que obviamente no se dice, es que no cuentan con los recursos económicos para llevarlos a cabo antes las deterioradas finanzas del Estado y tampoco con la eficiencia gubernamental para implementarlos.

El futuro presidente en el poder tiene la obligación de liderar y ser protagonista en la creación de condiciones mínimas para que la economía del país crezca y salga del letargo al que ha sido tristemente condenada por la mala gestión del actual gobierno, incapaz de generar confianza y estabilidad jurídica. Será primordial incrementar las oportunidades de desarrollo para las micro y pequeñas empresas, así como también todo apoyo que impulse la ampliación de una clase media fuerte y representativa. El fomento del emprendedurismo en una sociedad con libertades será fundamental para este reto.

De igual forma, el nuevo gobernante tiene que romper el molde de la mediocridad, la falta de transparencia y la demagogia actual; debe de tener claridad que la única manera sostenible de combatir la pobreza y sacar adelante una nación es generando riqueza por medio del aumento de la productividad y el desarrollo. El protagonista de esta tarea es la empresa privada en conjunto con la sociedad civil a través del aumento de la inversión y la consecuente generación de empleos. Sólo el empleo generado por los privados es sostenible. Los adicionales que el gobierno crea aumentan la burocracia y son a costa de los contribuyentes.

Los salvadoreños necesitan más empleos, más trabajo, más opciones de cómo poder ganarse la vida en un ambiente seguro. Con esto como visión macro y de la mano gobierno y sector privado es que el país puede progresar. Sumado a esto, es muy importante la continuidad de los programas sociales para apoyar a quienes más lo necesitan, pero tienen que tener un alcance, un horizonte de tiempo definido y una medición de resultados. No pueden ser impuestos por ley, sino que tienen que ser desarrollados con responsabilidad, acorde a las finanzas públicas y con una hoja de ruta establecida.

Un gobierno responsable debe entender que un Estado no podrá jamás sacar de la pobreza a un país sólo con subsidios, regalos o ilusiones. Si esto fuera así, qué bonito sería la utopía de vivir a expensas del Estado. Pero esto sería olvidar que es el Estado el que vive a expensas de la ciudadanía. Por eso, es tarea de los ciudadanos volvernos más críticos e inquisitivos con los gobernantes, pedirles soluciones estructurales y de largo plazo, que vean hacia el futuro y que dejen atrás el pasado.

Ante las necesidades ilimitadas y los recursos limitados que se tienen, lo menos indicado para nuestro país sería un gobierno que siga sembrando resentimientos y ofreciendo el cielo y la tierra. Eso es populismo, pan para hoy, hambre para mañana y pobreza para siempre. El país necesita un gobierno con personas que se puedan perfilar como estadistas, que integren a la sociedad y busquen con responsabilidad el desarrollo económico y social de toda la población. Un gobierno que defienda la democracia y promueva el sistema de libertades. Sólo así saldrá adelante nuestra querida Patria.

*Colaborador de El Diario de Hoy.