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Pónganse claros con el Puerto de La Unión

La Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA), declaró recientemente desierta la licitación del Puerto de La Unión, luego de varios retrasos. De medio centenar de empresas que retiraron las bases, ninguna de las cuatro compañías precalificadas en la etapa previa al concurso presentó oferta. 

En el año 2008 se conformó la Comisión Especial para Analizar el Anteproyecto de Ley para la Concesión de los puertos de La Unión y Acajutla, Comisión que en su momento logró una propuesta consensuada de la modalidad de operación de estos puertos. Se consideró que de seguir retrasando la puesta en marcha de este proyecto le costaria caro al país ya que otros países de la región como Guatemala, México, Colombia y Perú estaban avanzando en el desarrollo de sus sistemas portuarios y posicionándose como centros de desarrollo logístico. 

Se perdió tiempo valioso discutiendo, entre otras cosas, si concesionar era regalar nuestra soberanía. Y en esa perdedera de tiempo nos comió el mandado el Puerto Quetzal. En Guatemala, una de las empresas que se precalificó, ha invertido alrededor de US$200 millones para construir una terminal de contenedores.

Los estudios y los entendidos nos dicen que con la concesión de Puerto Quetzal a Contenedores de Barcelona, hace dos años, Acajutla no podrá competir en este rubro. Están tan cerca los dos puertos que lo que va a suceder es que como se van a reducir los fletes, la exportación e importación de contenedores que ahora se van vía Acajutla se van a ir vía Quetzal. Esa es la realidad y la única manera de poder competir será con la concesión del Puerto de La Unión, con una compañía de nivel internacional que concentre la carga de El Salvador, Honduras y Nicaragua. 

Para poder concesionar con éxito el Puerto de La Unión es necesario el diseño y la ejecución de una estrategia con cuatro componentes fundamentales: una ley competitiva; señales claras al mercado de que el Estado va asumir el dragado presupuestando US$15 millones; asegurar que no existan impedimentos para que la carga de Acajutla pueda migrar progresivamente hacia La Unión; que los operadores no vean a CEPA como una competencia desleal y finalmente, impulsar el corredor logístico entre Puerto Cortés en Honduras y el Puerto de La Unión. No existe espacio para dos puertos de contenedores en El Salvador.

Si las condiciones no estaban dadas, CEPA no debió haber iniciado el procedimiento de licitación. Una licitación fallida, al ser declarada desierta, manda un mensaje muy negativo al mercado. Si no hay forma de rentabilizar el proyecto debido a que no se logran obtener los recursos para el dragado y cumplir con una estrategia completa, pues no se debería seguir adelante con una concesión. Se debe hacer de forma técnica, con un análisis de costos y beneficios marginales y a partir de eso tomar la decisión de si vale la pena o no seguir adelante con el proyecto. 

Pero el trabajo de CEPA ha dejado mucho qué desear, en dos administraciones su gestión ha sido sin ningún progreso. Y mientras tanto, CEPA deja de lado temas donde sí podría haber logrado avances sustanciales, como pudo ser la expansión del aeropuerto Monseñor Romero.

Los responsables de tomar decisiones en esta institución no pueden seguir haciéndolo solamente basados en el cálculo político. Se sabe que no es fácil, pero justamente eso debe hacer CEPA, sincerarse si el puerto es viable. Innecesario es estar dilatando el fracaso, con los costos que representa para el país.

Muchos funcionarios que tienen a su cargo decisiones claves para el país no son elegidos meritocráticamente y por ello vemos fracasos como éste.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com