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¡Políticos no son extraterrestres!

El comportamiento de la mayoría de políticos salvadoreños no causa ninguna extrañeza, por el contrario, es de esperar porque ellos no son extraterrestres sino proceden de una sociedad enferma en la que, el que menos empuja bota un piano, plagada de neuróticos, egocentristas, inseguros, bipolares, esquizoides, megalómanos, alcoholistas asolapados, compulsivos, obsesionados, psicóticos y oscuros individuos que rezuman variedad de complejos, transtornos de identidad y de personalidad.

La combinación letal de incultura con ausencia de valores, la "animalada" y un "orgullito" medio tonto fundamentado en la frase: "No tengo formación universitaria pero tengo dignidad y no me dejo de nadie", son la explicación de los bochinches que vemos casi a diario. Cada quien intenta sacar la mejor tajada de su entorno y la consigna: "Si yo no lo hago otro lo va hacer", parece gobernar toda conducta humana.

En el mundillo se consideran como conductas normales la infidelidad conyugal, el chambre político para desgastar al adversario, sentir orgullo ante el calificativo de mujeriego, maquillar información para engañar incautos, sentirse seguros rodeándose de asesores familiares y compadres, abusar de la propaganda, incoherencia entre lo que se habla y las acciones, la difamación y el usar los recursos del Estado como si fueran propios.

La prioridad son las aspiraciones personales y la lealtad al amigo, al partido y a la patria es desconocida, por ejemplo a los futbolistas seleccionados les vale un rábano haber sido escogidos para representar el país porque en las primeras de cambio se venden, en la misma forma como algunos políticos son capaces de vender la soberanía nacional y contribuir a la instauración de una dictadura. La vez pasada me cayó en gracia un político que aseguró no tener partido, ahora que ya "se compuso" le da alergia mirar hacia atrás.

Con las excepciones del caso es frecuente observar políticos obcecados y compulsivos que no parece importarles la imagen que proyectan al involucrarse en interminables trifulcas como si fueran vendedores de ropa usada y ayotes en el mercado. Dan la impresión que la ausencia de salud mental los empuja hacia un protagonismo en demasía para estar siempre en primera plana y así compensar en cierta forma los complejos que los agobian.

Y como la instrucción notoria, el respaldo académico y la moralidad ya no importan mucho de conformidad con el nuevo orden, cualquiera puede ser elegido candidato para un puesto de elección popular. Puede hacerlo un violador en serie en fase de confianza, un astroanalista desviado salido de la nada, un narcotraficante que trabaja con proyección social o un futbolista farmacodependiente que vendió al país en varias ocasiones, ya que es prohibido señalar los antecedentes de los candidatos.

*Dr. en Medicina. Colaborador de El Diario de Hoy.