Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Políticos responsables ¡Urgen!

Diariamente los salvadoreños sufrimos los congestionamientos, abusos e incluso vandalismos de algún sindicato, ONG o grupo de personas descontentas por las más variadas causas. Obstaculizan calles y carreteras, queman llantas, pintan paredes e irrespetan la propiedad pública y privada, violando el derecho al trabajo y la libertad de tránsito del resto de la población. Todo, tolerado por las "autoridades", porque "tienen derecho a expresarse". (La autoridad no se posee, se ejerce, y, en el desorden que vivimos, la autoridad es ejercida visiblemente por los "protestones", no por los agentes del orden).

Cierto, protestar es necesario para exigir el cumplimiento de obligaciones, pero debe hacerse ante quien corresponde y sin dañar a terceros. Desafortunadamente, esas protestas son cada día más violentas y numerosas, porque algunos interpretan el artículo 2 de nuestra Constitución ("Toda persona tiene derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad, a la seguridad, al trabajo, a la propiedad y posesión, y a ser protegida en la conservación y defensa de los mismos", etc.) como que el deber del Estado es regalarnos techo, alimento y abrigo. ¡No! El Estado sólo debe "protegernos" para que nadie nos prive injustamente de lo ganado honradamente.

Sin embargo, parece que muchos no lo ven así. Y no son culpables del todo, porque desafortunadamente, algunos políticos les han hecho creer que tienen derecho a todo ¡y regalado! Nuestros diputados convierten cualquier reclamo violento en leyes de la República, sin analizar las consecuencias de sobrecargar al Estado con programas inaplicables. Resultado: una población enfurecida.

El año pasado, en plena efervescencia de la campaña electoral presidencial, los diputados convirtieron en ley todas las ocurrencias que el entonces presidente Funes bautizó pomposamente como "políticas sociales". ARENA, supongo que para no ser tildada de "carente de sensibilidad social", dio sus votos sin medir la viabilidad de tales medidas, ni analizar si con dicha ley se contribuiría efectivamente a disminuir la pobreza o sólo serviría para aumentar el clientelismo político, un monstruo de mil cabezas que, a estas alturas, todo lo devora.

Pues bien, los areneros habrán sido sensibles, pero irresponsables: ahora no hay cómo cumplir esas cuantiosas obligaciones, adicionales a otras muchísimas, adquiridas con anterioridad. Y, actualmente, estamos en una similar coyuntura. Movimientos de masas invaden el Salón Azul, vociferantes, exigiendo derechos que, en mis tiempos, eran deberes individuales y familiares. Ojalá que ARENA, siendo la única oposición real, no cometa nuevamente el error de buscar popularidad (y votos) en vez de convertirse en adalides de la prudencia y la razón.

ARENA ha cometido muchos errores en el pasado, pero todos, absolutamente todos, pueden clasificarse dentro de una única categoría: los cometieron por defender intereses, no principios. Actuar así puede, aparentemente y de momento, rendir buenos dividendos, pero en el largo plazo, se paga caro.

Un partido político es un proyecto a largo plazo, especialmente cuando su misión es lograr un El Salvador en paz, con progreso y libertad. Por consiguiente, ARENA debe estar alerta, no caer en la trampa del populismo sino, al contrario, mantenerse firme, hablar con la verdad y hacer realidad su lema "Primero El Salvador".

No esperamos menos de los diputados que elegiremos próximamente. No alardeen, cumplan; no se dejen chantajear, analicen y voten responsable y patrióticamente, aprobando solamente aquello que sea realista y de beneficio para nuestro país.

* Columnista de El Diario de Hoy.