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Un político menos

La noche del lunes presenté al país la idea detrás de mi candidatura y les dije que, con la ayuda de Dios y de los ciudadanos, en marzo del próximo año seré un servidor público más, pero un político menos. Por supuesto el mensaje parece contradictorio, pero no lo es. El mensaje parece negativo, pero no lo es. El mensaje parece negar la esencia misma de una candidatura, pero no lo hace. El mensaje es claro. No quiero ser uno de esos políticos que la gente desprecia. No quiero ser uno de esos políticos que en el pasado cercano se han vendido al mejor postor. No quiero ser uno más. Quiero ser uno menos.

A pesar del riesgo que algunos ciudadanos consideren que el compartir esta conceptualización constituya campaña adelantada, decidí hacerlo, especialmente, porque creo que es una idea a la que le ha llegado la hora y requiere de una amplia discusión y divulgación para que entre todos los ciudadanos iniciemos un movimiento de renovación política en la Asamblea Legislativa. Es una invitación a pensar diferente, no campaña de naturaleza alguna.

Inicié el recorrido histórico de este concepto con los primeros movimientos de autonomía e independencia de 1811, cuando personas de las élites intelectuales y académicas decidieron regalarnos la independencia. Líderes de la sociedad civil se hicieron responsables de guiar a la ciudadanía en esa transición. Y ahora debemos preguntarnos por qué ese grito ya no se escucha, preguntarnos qué ha pasado en nuestro país que todavía veneramos a nuestros próceres (a los de hace 203 años), mientras en la actualidad despreciamos a los padres de la patria, a nuestros diputados. ¿Cómo es posible que 203 años después esta sea la percepción que la mayoría de salvadoreños tiene de los políticos y la política?

Se ha perdido la credibilidad. Persiste la desconfianza, el cinismo, el desprecio… Y de nada sirve que nos sigamos diciendo que nosotros no somos así. Y aunque seguramente pagan justos por pecadores, lo relevante ahora es enfrentar con valentía y con sabiduría lo que nuestros compatriotas nos dicen. Mentirosos. Ladrones. Corruptos. Con esas palabras y otras peores hablan de los políticos. El reconocer cómo está nuestro país y qué piensa la sociedad de los políticos es un primer paso necesario que nos lleva a concluir que lo que menos necesita ahora el país es otro político más.

Por eso aprovechando el liderazgo de ARENA en procesos de democratización interna y de renovación y regeneración política, decidí inscribirme como candidato. Con la certeza del necesario sacrificio, decidí dejar la comodidad de la casa, el trabajo profesional y las organizaciones de servicio social. Ha sido una decisión difícil, especialmente porque en general los ciudadanos ya no quieren nada qué ver con la política. Ya casi la mitad ni siquiera sale a votar, porque creen que da lo mismo. Y los que salen, votan porque ni modo. Y mientras tanto el país está en riesgo. La república está en riesgo. Haciendo uso de los mecanismos democráticos, el FMLN y sus aliados amenazan los pesos y contrapesos necesarios de la democracia, amenazan el Estado de Derecho, amenazan las libertades, amenazan la independencia de poderes... Mientras muchos ciudadanos continúan pasivos, la república está en riesgo.

Ya no es tiempo de continuar en las graderías viendo el partido. Ya no es oportuno dejar que solo otros jueguen el partido. ARENA me abrió sus puertas y ahora les digo que estoy listo para esta batalla, que precisamente lo menos que necesita este país es otro político más, en particular de esos políticos que habla la gente, de los que mienten, de los que engañan, de los que roban. Es más no tenemos ningún derecho a continuar en la política o a entrar en la política, si no nos decidimos a no ser de esos políticos que la gente ya no quiere. Por eso los invito a www.unpoliticomenos.com para que conversemos sobre este concepto y trabajemos para que fortalezcamos la gestión público con un político menos.

*Colaborador de El Diario de Hoy.