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La política no es suficiente

Si en nuestro gobierno, nuestro parlamento y nuestras cortes imperan la corrupción, el aprovechamiento, los intereses particulares, la confrontación y el conflicto, es porque así nos hemos desenvuelto socialmente como país

Lo he dicho antes. La condición política de un país no es más que el reflejo de la cultura social de sus ciudadanos.
 
La dinámica política, dentro de un entorno democrático, reflejará siempre la voluntad, el compromiso, el sentido de corresponsabilidad, la visión de futuro, los principios y las convicciones con las cuales los ciudadanos viven sus vidas y se desarrollan socialmente. La política es un espejo de los valores sociales colectivos de un pueblo. Si en nuestro gobierno, nuestro parlamento y nuestras cortes imperan la corrupción, el aprovechamiento, los intereses particulares, la confrontación y el conflicto, es porque así nos hemos desenvuelto socialmente como país. Si no somos capaces de darnos cuenta de esto, de aceptarlo con todas sus implicaciones, de asumir nuestra responsabilidad individual ante ello, nunca tomaremos el primer paso. Nunca lograremos transformar nuestra realidad.

 La política puede y debe ser un vehículo de cambio. Pero es imposible que el cambio se genere desde la política. Los cambios deben generarse necesariamente desde el individuo. No desde el político. No desde las instituciones. No desde los gobiernos. Los cambios inician dentro de cada miembro de la sociedad. Desde cada uno de nosotros. Insisto, no debemos, no podemos, evadir nuestra responsabilidad individual. No hay libertad sin asumir la responsabilidad de las consecuencias de nuestras decisiones, comportamientos y costumbres. Las excusas y justificaciones con las cuales evadimos e ignoramos nuestra responsabilidad son la peor esclavitud a la cual nos sometemos los seres humanos.

 Nuestro fracaso yace en los cuentos que nos hemos contado. Las narrativas que hemos construido sobre quiénes somos como país y sobre por qué nos encontramos donde nos encontramos, siempre buscan culpar a alguien más. Sean los oligarcas, los comunistas, los corruptos, los incapaces, los imperialistas, etc., etc. El cuento tiene muchos villanos. También muchas víctimas. Todos nos queremos proyectar como esas víctimas. Todos esperamos que un héroe nos venga a salvar. Que aparezca en su caballo blanco, con la verdad en una mano, y en la otra la espada con la que castigará a los culpables. Pero los culpables somos nosotros, y ese gran héroe nunca aparecerá.

 Nunca cambiarán las cosas si no cambiamos los cuentos con los cuales interpretamos nuestra realidad. Olvidémonos ya de los villanos y supuestos héroes que de un lado y del otro hemos inventado. Olvidémonos ya de esa estúpida idea de que somos víctimas y que la realidad está fuera de nuestro control. Démonos cuenta que somos un pueblo de potencial y oportunidades desperdiciadas por las decisiones y los comportamientos que todos asumimos diariamente. Olvidémonos de pensar que los cambios surgen desde la política, y que lo único que podemos hacer nosotros en nuestra cotidianidad es criticar y atacar al contrincante.

 En nuestras manos está la responsabilidad de crear una cultura diferente. Debemos cultivar diariamente la ambición de ser mejores individuos. De celebrar el éxito en nosotros mismos y en aquellos que nos rodean. De aceptar la corresponsabilidad del bienestar mutuo en nuestro entorno diario. De fortalecer el tejido social a través de nuestro involucramiento, en nuestras comunidades, en nuestras iglesias, en nuestros equipos deportivos, clubes sociales, movimientos y organizaciones. Apreciar y promover la lectura, la música, el arte y todas las formas que dan expresión al individuo y amplían nuestras mentes a mundos y posibilidades con los cuales de otra forma no hubiéramos podido soñar.
 
Solo así cambiará nuestro país. Solo si cada uno de nosotros asume la responsabilidad de ser líder con su ejemplo. De ser influyente mediante su obra diaria. Los políticos seguirán nuestros pasos por necesidad. Los grandes cambios evolucionarán por obra de ello. No habrá transformaciones mágicas. No habrá héroes grandiosos que salven nuestra patria, ni mártires gloriosos que con su sacrificio den vida a la utopía. Seremos todos, debemos ser todos, arquitectos y constructores de un futuro diferente, y lo lograremos si, y solo si, lo construimos primero dentro de nuestras propias almas.
 


*Colaborador de El Diario de Hoy.