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La política fundamental de desarrollo

El estudio de la educación se ha ido volviendo más sofisticado conforme se ha ido demostrando que la educación es el factor más importante en la determinación de la tasa de crecimiento de largo plazo de las economías y del desarrollo en general de las sociedades. Pero cuando se menciona la educación como el campo en el que debemos invertir para crecer la gente aturra la cara y mira hacia otro lado, pensando que lo que se requiere son medidas inmediatas mientras que la educación debe dejarse para el largo plazo. Por esa razón, la educación se deja siempre para después, lo que es igual a dejarlo para nunca, y el país no se desarrolla.

Esta posposición de la educación es resultado de varios mitos que hacen pensar que educar a la gente sólo puede funcionar en el largo plazo. Esto no es cierto. Las posiciones relativas de los países en términos de rendimiento educativo han variado muchísimo en los últimos años. Así, por ejemplo, en los años ochenta Canadá estaba muy por debajo de Holanda, Bélgica, Nueva Zelanda, Alemania, Australia, el Reino Unido y Suecia, mientras que hoy está muy por encima de todos ellos. Alemania en los sesenta era el tercer país con más rendimiento educativo, luego bajó a ser el doceavo y hoy es el séptimo. Finlandia, Polonia, Corea y Holanda pasaron en pocos años de ser países que estaban a la zaga en educación en los países desarrollados a estar en el tope de la lista de grandes rendimientos.

Otra idea que se ha demostrado que es un mito es que el rendimiento educacional depende fundamentalmente del monto gastado en el sector. La experiencia de los últimos cincuenta años demuestra claramente que la diferencia en la calidad de la educación la hacen muchos factores, independientemente de la cantidad gastada en ella. Así, hay países como Finlandia y Polonia que gastan mucho menos por alumno que, digamos Noruega, Alemania o Estados Unidos, y consiguen rendimientos educacionales mucho más alto que estos países.

Un tercer mito es que la calidad depende de que la educación sea privada o pública. Hay países con alto rendimiento educativo en el que todas las escuelas son públicas (como en Finlandia, el país que está en el tope del rendimiento educativo) y otros en los que los mejores resultados se encuentran en las escuelas privadas.

Un cuarto mito es que no puede evitarse una gran dispersión en los resultados de los escolares, con grandes diferencias entre los que atienden las mejores y las peores escuelas. El estudiante estadounidense más exitoso en el último examen internacional PISA sacó una nota que era 90 puntos arriba del peor de su país; el mejor coreano sacó sólo 33 puntos del coreano menos afortunado.

La clave real está en la calidad de los maestros, que a su vez se define en términos de lograr que los estudiantes aprendan a pensar y a resolver problemas sobre la base de un sólido conocimiento de las letras, las ciencias y las matemáticas. El término más importante en esta oración es el aprendizaje a pensar, aunque también los conocimientos sólidos son importantes. Es un regreso al sentido común.

Ciertamente que en nuestro país tenemos que gastar más que lo que gastamos,3.74 por ciento, mientras otros países gastan al menos 6 por ciento. Pero no esperemos que la educación mejore aunque aumentemos esta cifra al 6 ó al 8 por ciento si no atendemos a los otros factores que son importantes, principalmente la calidad de los maestros. Igualmente, podemos lograr grandes avances sin aumentar mucho el presupuesto si logramos ganancias en eficiencia. Resolver este problema, cómo maximizar la eficiencia en el gasto del dinero de los impuestos en la educación de nuestra gente, es el tipo de problema que los estudiantes deben aprender a resolver si queremos que triunfen en el Siglo XXI.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.